Madrid, van a arder tus calles de tanto amor.

Amarrarás a tu prójimo…

 

Tipos de Bondage:

Hogtied:  Este tipo de atadura se conoce por la poca o nula movilidad del sometido. La posición más típica es con los brazos atados a la espalda, preferentemente hasta los codos y los tobillos amarrados a estos.

Bondage Oriental: Se caracteriza generalmente por un meticuloso y abundante uso de las sogas, con varias vueltas por todo el cuerpo. En casi todos los casos los casos incluye el aprisionamiento de los senos y el pasaje de una o mas cuerdas por la entrepierna generando una leve presion en el sexo de la víctima. Casi una variante del Hogtied.

Spread Eagle:  Consiste en atar a la persona a una
cama, marco de puerta , bastidor o similar, de forma tal que sus miembros queden lo mas abiertos y estirados posible.

Bondage de pechos: Esta técnica avanzada se realiza mediante la atadura de sogas alrededor de los pechos en varias vueltas. Una vez rodeados, se colocan nuevas ataduras en los costados de los senos y se van apretando. Se trata de una técnica muy dolorosa y que precisa de un alto nivel de conocimiento sobre los daños que puede causar sobre el cuerpo del sometido.

Spreader Bar: Estos implementos son simples accesorios que completan el escenario de un bondage. Se trata de barras rígidas con enganches en sus extremos que permiten colocarse entre las tobilleras de la persona sometida. De esta forma, quedará con sus piernas abiertas y sin posibilidad de cerrarlas. Esa misma barra puede utilizarse tambien para colocarse en las muñequeras, pudiendo de esa forma anclarse a un collar de cuello o a una cadena desde el techo para mantener a la persona sometida en la posición que nosotros deseemos.

Autobondage: Otra práctica dentro del bondage es el autobondage, que es aquella donde la persona que ata y a atada es la misma. Para llevar a cabo esta práctica es necesario tener un alto nível de conocimiento de la práctica en si pues conlleva altos riesgos para la salud e incluso puede provocar la muerte del usuario de esta práctica.

 

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Que dure siempre la escapada.

Sometimes I love you
Sometimes you make me blue
Sometimes I feel good
At times I feel used
Loving you darling
Makes me so confused..

“-Mi fantasía eres tú, sí, hoy también…”-

Un nuevo mensaje en el móvil.

Una llamada y un juego diferente. Porque sí, porque hoy es hoy, porque hoy es jueves y no hay nadie en las calles. Porque Madrid está vacío y sobra gris en las aceras. Me llama.

Su voz acelerada y cálida me dicen que la propuesta va a ser diferente a otras. -Mejor. -Pienso. . ¿A qué quieres jugar? -le pregunto. -A ti. – me dice.

Quiero que mi juguete seas tú. Mi vicio y mi necesidad.

Silencio.

Sigo escuchando, intentando adivinar.

Quiero que durante todo el día seas mi juguete. Quiero utilizar tu cuerpo a mi antojo.

Controlar tus movimientos, manipular tus estremecimientos. Usar tu piel para mi placer, por ser hoy, ya sabes… Y a mí, que me pone el vértigo de llegar a los propios límites y rebasarlos le digo que sí. -Te espero- le contesto.

Entra y su saludo va invadiendo poco a poco los sentidos. -“Corazón, déjame follar tu sonrisa”-me dice. Y me besa. – ¿”Querrás ser mi muñeca hoy”?

El juego de poder lo lleva en su mirada. Pienso.

Se acomoda en el sofá, enciende lentamente un cigarro y con tono adoctrinador comienza a explicarme … “-Cada vez que me sienta excitado y necesite liberarme con urgencia, te llamaré y acudirás a mi encuentro. Te sentarás frente a mí y me ofrecerás tu boca.

Abierta. Sedienta. Expectante.

Sentirás mi descarga, relamerás tus labios y te irás sin mediar palabra. -” Me besa mientras va intentando explicarse. Sus besos saben a laberinto. Me abraza y aprieta mi miedo con sus caricias de hierro. “-Sigo, cariño”- me dice. …”Por la noche, cuando estés dormida, si siento la necesidad de vaciarme en ti, lo haré. Sin despertarte, sin hablarte.

Te penetraré, me saciaré. Lo importante será mi urgencia. Mi placer.

Tú, seguirás durmiendo, chorreando mi esencia entre tus muslos.” Mientras habla me acaricia el pelo, mirándome con tanta ternura que ya no sé si sus manos desordenan o me llenan de precipicios. “-Y ahora, bésame como si me odiaras”- me susurra.

Le beso con dulzura y con rabia de años de insomnio. Con eternidad casual.

Besa y extenúa en cada exhalación. Alterna sacudidas con treguas de caricias.

Sé que el juego acaba de comenzar. Lleva el deseo en sus pupilas.

Le observo.

Estoy preparada…

 

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Vertigo lento.

 

Ella le preguntó

-¿Prefieres las etapas de búsqueda o los periodos de asentamiento?

Y él la contestó: – la búsqueda de asentamiento y sobre todo, te prefiero a ti, desnuda sobre mi cama. –

-Lléname de ti en esta fría noche-dijo ella.

-Lo haría, con mucho gusto. ¿Y que hacemos con los kilómetros que nos separan? –

-Nos los tragamos, primero eso y luego tu polla, de un solo bocado.

Todo en mi boca. –

-Si sigues así cojo el coche y me planto allí en un rato. –

-Ven, te espero con mi mejor piel.

 

L.S.

 

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Sexo de urgencia

“Mi opinión en lo que se refiere al placer es que hay que emplear todos los sentidos” (Sade)

 

Una llamada imprevista en la noche, tan lluviosa como fría.

– ¿Te apetece un juego rápido? Estoy muy excitado.

-Claro, siempre me apetecen y con este frío más aún.

– ¿Nos lo montamos en el coche? Solo tengo un rato.

-Sí, me provoca mucho. ¿Cuánto tardas?

-Salgo ahora, unos 20 minutos.

-Genial. Impaciente…

-Que llevaras puesto?

-Algo accesible…

– Me gustaría que no llevaras nada debajo del abrigo.

-Voy a congelarme-

-Ya pongo yo la calefacción alta. Y ven muy sexy. –

Me preparo rápido, me maquillo, me perfumo. Cubro mi cuerpo con unas medias altas negras, unos zapatos de tacón negros también, y un abrigo a prueba de temperaturas bajas.

Excitación, impaciencia. Frío en la espera. Vuelvo a ponerme el abrigo y bajo al portal.

Diluvia fuera.

5 minutos- me dice. El tráfico está imposible, pero llego.

Unos vecinos entran otros salen. ¿se pusieron de acuerdo? – Pienso. Si supieran que estoy desnuda bajo el abrigo. Sonrío.

El coche negro parado con las luces me avisa que ya está aquí. Le observó, sonríe igual que yo. Excitación, nervios, algo de timidez.

Besos y mientras buscamos donde dejar el coche sus manos van subiendo por mis piernas, abren el abrigo. Acaba de comprobar que no llevo ropa.

¿Has visto que obediente fui? -Le digo

Si, en todo- me dice

Callejeamos un poco y por fin damos con una calle poco luminosa y nada transitada.

-Ven vamos atrás mejor. –

Ganas multiplicadas por cien.

Besos explorando su piel, me dejo llevar por la situación y por su perfume. Le beso. Busca mi sexo y comienzo a notar sus dedos en mi interior.

Me siento sobre él, desnuda, con el abrigo abierto aún puesto.

Le desabrocho la camisa y el pantalón.

– ¿Quieres sentir mi polla? Me dice

-Si, por favor

Sus manos juegan con mi pecho. Beso su cuello y observo un momento la calle. No hay nadie, solo algún coche que pasa sin dejar huella.

La lluvia ahí fuera y el calor aquí dentro, en el coche, entre mis piernas.

No puedo más, abre tu coño y déjame entrarme susurra.

Me muevo encima de él, siento su excitación, crece en cada movimiento, sus manos en mis caderas. Profundidad. Sed.

Y el placer fue ahí y en ese momento.

Sonreímos.

Aquí no ha pasado nada-le digo sonriendo.

Se viste, me cubro con el abrigo y volvemos a nuestros puntos de origen.

-Muy excitante- Le digo. Y con otro beso nos despedimos.

Á la prochaine!

 

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All of me.

“El cuerpo inerte de nuevo volverá a estallar en llamas. Jamás se pierde nada” (Walt Witman)

 

Él bebe de su copa, es un vino blanco ligeramente afrutado, suave.

La observa. Ella, rubia, pálida y frágil se encuentra sobre la cama del hotel. Está atada, unos lazos negros unen sus delicadas muñecas con el cabecero de forja.

Ella tiene los ojos tapados, una suave seda negra cubre sus largas pestañas, la boca de labios rojos y húmedos está entreabierta y su rostro sonrojado. Comienza el desajuste de jadeos.

Sensación de incertidumbre. Excitación inquieta.

Él se acerca a su blanco y etéreo cuerpo. Desnudo, con la piel al aire, apenas unas medias blancas sujetas por un liguero de encaje cubren su cuerpo.

Abre más la boca y traga lo que voy a ofrecerte_ le indica él.

Él llena su boca con un chorro de vino blanco. Y es esta unión la del vino y su saliva cayendo por los rojos labios lo que la va excitando poco a poco más, dejando atrás cualquier espacio para el temor o la prudencia.

Saca la lengua, por favor_ susurra él.

Ella sucumbe a su orden.

Sigue tragando todo lo que yo te ofrezca- vuelve a decirle él.

Otro chorro de dulce y cálido vino blanco cubre su lengua, sus labios carnosos y parte de su pálido cuello.

Ella va retorciéndose lentamente. Todo lo que los lazos satinados la permiten. Sus piernas ligeramente separadas y sus delicados pies están atados a los extremos de la cama.

Ahora sentirás algo frío- masculla entre dientes él, como queriendo no ser entendido, solo obedecido.

Él coge una cereza del frutero que hay sobre la mesa de cristal, la introduce en la copa de vino y después la lleva hasta el sexo de ella. La empuja con sus dedos, deja el rabillo fuera y vuelve a sacarla.

Ella suspira. No entiende que objeto es ese que se encuentra en su interior, apenas alcanza a mascullar un breve gemido.

Él chupa la fruta, con lentitud, con suavidad.

Abre la boca y no muerdas-vuelve a ordenar él con firmeza.

Ella jadea y obedece.

Él introduce la cereza en su boca. Ella se recrea en los sabores, acidez y dulzura, casi como este momento, piensa sin querer. La chupa, lame cada pigmento.

¿Está rica?  -pregunta él.

Ella no responde, solo gime.

El coge la cereza y de un solo movimiento se la lleva a su ansiosa boca, quiere saborearla con todos los jugos, los de la fruta y los de ella, así, mezclados. La mordisquea.

Él está sentado en su silla granate de toque barroco. La luz entra por la ventana, se refleja en el cuerpo desnudo y tembloroso de ella.

Algún sonido que fusiona saxo y piano sale desde un viejo tocadiscos. La mañana es cálida, piensa él para sí, casi tanto como el cuerpo de ella, desnudo y ofrecido totalmente para él, como si de un juguete se tratara.

Bésame- susurra ella.

Cuando llegue el momento-contesta él.

Él se levanta, pasea por la habitación con la mirada fija en la desnudez de ella. Sus zapatos sonoros se confunden con la música tan seductora como inquietante.

Ella permanece con los labios semi abiertos y con las ganas a flor de piel.

-Quiero que chupes y humedezcas mis dedos, uno a uno-

Introduce el índice primero, el corazón después. Ella juega con su lengua, la saca, vuelve a meterla. Dos dedos, tres. Ella quiere abarcar todos, como si así le pudiera sentir a él más y más dentro. Su garganta está invadida por las falanges de él. Ella sigue su ritmo que se torna en rápido y violento por momentos.

Él juega con su boca, la abre, la estira, vuelve a introducir los dedos. Ella respira agitada.

Suspira. Lanza un breve quejido cuando él libera su boca.

Sabes dónde voy a introducir estos dedos ahora? -la pregunta.

¿En mi coño?  -contesta ella.

Sus dedos entran con cautela, como pidiendo permiso. Están húmedos aún por la saliva de ella. El los relame y los vuelve a introducir, esta vez con más urgencia, sintiendo su calor.

No te muevas_ la indica.

Los movimientos dentro de ella se tornan más fuertes, él quiere abarcar todo su interior, como por derecho.

Quiero sentirte más_ suplica ella

Cuando llegue el momento _vuelve a mascullar él, ligeramente molesto ante la insistencia de ella.

Todo a su ritmo. Todo a su ritmo-repite él lentamente, deleitándose en cada silaba.

El abre sus piernas, humedece su sexo, más aún, con su saliva recién horneada.

Vas a sentir algo frio y grande moviéndose en tu interior.

Por un momento ella fantasea con la idea de que será él quien por fin la tome después de tanta larga espera.

Él introduce un vibrador, grande y oscuro en su sexo. Sabe que no es lo que ella espera y disfruta observando su expresión.

Ella gime. Su piel se eriza.

Él mueve el consolador lentamente.

Ella se estremece, su cuerpo se curva, gira su cabeza hacia un lado y segundos después hacia el otro. El pelo cae sobre la almohada, desbaratado y enredado, cada rizo parece que tuviera vida propia.

Esto es todo lo que puedo darte hoy _le dice él.

Los movimientos son rápidos, introduce el artilugio con furia. Lo saca, lo lleva a su boca y lo humedece.

Acaricia sus muslos, vuelve a introducir el juguete.

Vamos cariño, córrete para mi- la indica, esta vez con un tono más cálido.

Ella eleva su pelvis, quiere desatarse y no lo consigue.

En un momento cualquiera no aguanta más y explota.

Él sonríe. Lleva su mano hacia su sexo, quiere sentir su excitación, su humedad.

La besa…

 

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