One way or another.

Con esa sonrisa enamorarías al mismísimo diablo-me dijo.

-Ya compartimos varias madrugadas-pensé al mismo tiempo.

Y ahora, con el mundo del revés, bailemos.

Agárrate a mis caderas.

Ahí, yo soy la dueña.

 

L.S.

 

 

Copyright©2016-19L.S.

Y follarme tu sonrisa…

(Madrid. Abril17)

 

El chico de la maleta llegó como si tal cosa.

Depositó su sonrisa en una esquina y en la otra algunas caricias perdidas

Y tras varios roces, y  diferentes noches de insomnio recordando sus movimientos encima de mí,

volvió a venir con otra maleta diferente.

Mismo tamaño, textura y distinto color.

Esta vez la depositó en la misma esquina,

con la misma calma

sin dejar de mirarme fijamente cuando lo hacía.

Pero algo varió.

La abrió.

Y como si de la caja de pandora se tratara,

sus manos comenzaron a retorcerse en mi placer con mayor intensidad.

Sin opción a desprenderme de tanto calor.

Le senté sobre la maleta,

succione su humedad sin permitirle ningún ligero movimiento

y con  mi lengua inquieta, adentrándose en sus días

le sentí un poco más mío.

El, dentro de mi boca

y el mundo

allí afuera..

 

L.S.

 

 

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Saca de paseo a tus instintos.

Y como si de un viaje por los sentidos se tratase, esta mañana paseando por Madrid entré en una zapatería.

El escaparate me llamaba.

Fue inevitable.

Los colores, la música que salía desde el interior, el olor a piel o sucedáneo. Necesitaba entrar.
Me dirigí rápidamente a unas sandalias negras que me miraban, creo que fue un flechazo mutuo. Ahí estaban sonriéndome y pidiéndome que sintiera su tacto y ese olor a nuevo y a promesa de vértigo.

Mientras nos estábamos conociendo se acercó un dependiente. Elegante, sonriente.

Pude comprobar que antes de decir el esperado “¿puedo ayudarla? “me estuvo observando desde lejos. Vi su mirada fija reflejada en el cristal de la vitrina. Una mezcla de curiosidad y timidez pude adivinar, no quise seguir mirándole, estaba más seducida por el tacto de las sandalias.
Me invito a probármelas, cogió la sandalia con delicadeza, me acompañó al sofá y se puso frente a mí, como de rodillas, con tal práctica y cadencia en sus movimientos que parecía que disfrutaba haciendo este ritual.
Sin apenas preguntarme, sin apenas mirarme a los ojos, descalzó mis pies. Mientras retiraba mi vieja sandalia la depositaba sobre la alfombra sin soltarme.

Su mano sostenía mi pie con seguridad, podía notar su calidez en los dedos, en el empeine. Ejercía una mezcla de fuerza y suavidad sobre él, como si no quisiera desprenderse de las sensaciones, como si pensara que podía moverme o alejarme en cualquier momento.
Cogió la nueva y codiciada sandalia sin dejar de rozarme. “Te va a gustar.”-me dijo, mirándome sutilmente a los ojos. “Ya me gustan”- Le contesté.
Y mientras introducía la sandalia en mi pie derecho iba acariciando mi piel, ya no era una sospecha. Era una realidad, la situación le estaba gustando. Su rostro reflejaba un placer creciente.
Me estaba colocando la sandalia con tanta sensualidad que no pude evitar jugar con el pie, moverlo, depositarlo sobre su pierna.
Le gustó. Me miró.
Le sonreí.
Comenzó a acariciarme los dedos mientras los llevaba a su boca. Le miré sorprendida.
Excitada, más bien.
Entreabrí los labios, me quedé detenida en su boca, sus manos, mis pies..
No se cuanta gente habría en la tienda, y si estábamos en una tienda o donde .
Solo existían en este momento su boca, mis dedos rozando su lengua y esa mirada como maquillada de misterio, deteniendo la mía por momentos.
Cerré los ojos y me dejé envolver por las nuevas sensaciones que balbuceaban dentro de mí.

 

L.S.

 

No hay más realidad que la que tenemos dentro”

(Herman Hesse)

 

 

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Tanti per sentire…

-Espérame con un vestido corto, muy elegante, lencería negra muy muy sexy, el pelo recogido en una coleta y unas sandalias de tacón infinito-me dijo por teléfono.

Y mientras Madrid se derretía ahí afuera entre atascos y pitidos yo me arreglaba tal y como me había indicado. Añadí un toque de carmín rojo y unas gotas de mi perfume preferido.

Llama. Abro la puerta y no puedo evitar besar de inmediato esa mirada enfundada en un seductor traje de chaqueta.

-Qué guapa-me dice.

-Qué seductor-pienso.

Mi mano se dirige a su entrepierna instintivamente, no puedo evitarlo. Sucede que los trajes de chaqueta…el tacto por encima del tejido del pantalón…más sus besos…

Me coge de la coleta, tira de ella dejando el cuello a su alcance. Me besa. Me muerde.

El calor ha subido en el pasillo y le llevo hasta la habitación sumergida en su boca, rebuscando entre su salíva y mi lengua.

Me retira el vestido. Frente al espejo le observo.

Sigue enfundado en su camisa azul, corbata y ese traje de color a excitación que no se quitará hasta el final. Yo, con mi corsé negro y las sandalias de tacón imposible.

Vuelve a atraerme hacia él tirando de mi coleta. Busca algún rincón nuevo por explorar en mi cuello.

-Déjate el traje-le digo agarrando su corbata.

Desabrocho la cremallera de su pantalón, busco su calor. Necesito sentirlo en mi boca. Recorrer cada milímetro lentamente, saboreando y deleitándome en el instante.

-Que suavidad-susurra.

Vuelvo a buscar su boca.

Suspira.

-¿Puedo quitarme la chaqueta?-me pregunta.

-Solo la chaqueta-le indico.

Me excitan tanto las caricias con sabor a oficina…

-¿Que deseas?-vuelve a preguntar.

-Quiero que me folles de pie, frente al espejo-le contesto .

No dice nada, pero habla con su mirada.

Y sin que lo espere cojo  un pañuelo negro y le cubro los ojos.

Apoyo mis manos contra la pared, él detrás de mí, con su corbata, la camisa y el pantalón luchando por no caer al suelo.

Sé que preferiría mirarme en este momento.

Me busca con sus dedos. Quiere adueñarse de cada espacio, ver con sus manos y rozarme con su voz.

Le siento dentro.

Se mueve, lento, con fuerza.

Me tira de la coleta de nuevo.

Veo su imagen reflejada al otro lado del espejo.

Entreabre su boca.

Me busca…

Resulta tan excitante…pero no se lo diré.

Hoy no.

 

L.S.

 

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Buon giorno a te.

(Madrid. Abril17💄)

 

Hoy me despertaron unos besos con sabor a café.

Dejé la puerta entreabierta y le esperé medio dormida aún. Entre sabanas.

Sin ropa , con ganas de su acento.

Llegó, a la habitación y a mi piel.

Dejó el capuccino  sobre la mesa y se enredó bajo las sábanas, entre mis piernas,

a golpe de beso enajenador.

Y así amaneció un viernes…tan excitante como su lengua de cafeína entre mis muslos.

Como sus palabras susurrando sonidos imposibles de descifrar bajo mi pelo…

 

L.S.

 

 

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