“Que lo parezca hasta que lo sea”

“Hay coños hechos de pura alegría que no tienen nombre ni antecedentes

y estos,

son los mejores”

(Henry Miller)

 

Él, por si las moscas me citó en un bar cercano a su hotel,

yo, por si los besos, fui vestida tal y como me dijo.

Sexy.  Un little black  dress corto, insultantemente corto , y unas sandalias negras.

Sentados en una mesa alta que daba a la calle  nos perdimos entre palabras y risas. Tras su última mirada repleta de descaro a mi escote y mi sonrisa despistada como respuesta, me dirigí al baño.

Quise darle una sorpresa y comprobar su reaccion, trás quitarme el tanga rojo que llevaba puesto hasta entonces, me acerqué a su oído y guardándolo en el bolsillo de su pantalón, le dije:

-Un pequeño regalo para ti-

Y como de sorpresas iba la noche, tras beber un sorbo de mi vino blanco preferido, observo como tras su mirada fija clavada en mi boca, se mete la mano en el bolsillo. Saca el tanga y lo deposita sobre la mesa, junto a su copa de vino y con toda la evidencia que la noche calurosa de Madrid quiso.

Sonreí complacida.

Él llamó al camarero. Entendí que cualquier pretexto valdría si lo que  quería era que se percatara de nuestro juego.

Yo, sorprendida y expectante.

Se acercó pausado.

Sonriente, observador y tan atractivo como moreno de piel.

Le pedimos otra copa de vino blanco

El camarero retiró la  anterior observando y rozando como sin querer el tanga .

Dudó unos instantes y al intentar aparentar normalidad se le olvidó dejar de mirarme mientras se retiraba . Con una de esas miradas  cargada de intenciones que, mezclada con su uniforme negro y ese aire seductor me parecieron de lo más  excitante.

Se me escapó en algún momento una sonrisa exclusiva para él.

Mi acompañante, testigo y cómplice de todo me preguntó:

-Te parece si le dejamos el tanga como propina?-

-Claro que sí- le contesté.

Tras unos minutos decidimos marcharnos. Me levanto de la silla, coloco el tanga en el centro de la mesa, para evidenciarlo más aún, y busco la mirada del camarero para decirle un “hasta pronto”.

Desde la calle y medio camuflados observamos  al camarero tras los cristales.

Se dirigió a nuestra mesa, cogió el tanga con delicadeza y lo acercó a su rostro . Lo llevó hacia su nariz inspirando, tocándolo, eternizando el instante . Cerró los ojos como olvidando que se encontraba allí, en medio de un bar, repleto de gente que deseaba ser atendida cuanto antes.

Pudimos notar su excitación desde nuestro escondite, me hubiese gustado que él hubiera notado la nuestra también…

 

L.S.

 

 

Copyright©2016-19L.S

 

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