“Te busco en todo, aunque te haya encontrado”.

Esclavo mío, témeme.

Ámame.

Esclavo mío!
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero dónde?

Lejos, lo que está lejos.
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
El eco de la voz más allá del silencio.
Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas

(Pablo Neruda)

 

 

 

 

 

 

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No hay pasión sin cierta crueldad.

 

“Si quieres estar seguro de que la cadena es resistente, muérdela” ( Nietzsche)

 

Llega con fuego en la mirada y tanta dosis de inocencia en sus gestos que apenas alcanzo a besarle sin derretirme.

Me cambia una sonrisa tímida por una nueva lección,

su confianza por mis caprichos sin cumplir.

_Soy tuyo_ me dice al entrar.

Le llevo de la mano al dormitorio. Sigue mis pasos con fe.

_Desnúdate_ le pido.

Titubea. Duda. Tiembla.

No sabe si puede pedirme lo mismo.

No sabe si debe mirarme.

Acaricio sus labios. Le beso.

Él no lo espera. Abre su boca.

-Arrodíllate- le pido de nuevo.

Lo hace, con las dudas bajo el brazo y las ganas encendidas.

Sonrío.

_Te he imaginado desnuda_ me susurra.

Yo a tí, vestido, de colores, un poco mío y un poco de nadie.

Titubea.

_Tranquilo. Solo voy a llenarte de miel y azúcar tus aristas, limar tu astil con mi voz,

dulcificarte a golpe de saliva para  que así recuerdes mis huellas.

_Me va a gustar verte así, a la altura de mis tacones_ le susurro.

_Voy a desnudarme y bailar sobre ti, mientras  abrazas mi perfume.

Ven y gime conmigo.

3 caricias y te entregarás mientras las paredes resbalan sobre nosotros.

_¿Eres mío?_ le pregunto

_Soy tuyo_ me contesta.

Y el mundo empieza a tener sentido.

_Abre tu boca, que algo sucederá, seguro.

Ven y alcanza la postura inalcanzable del viento, déjate llevar con  rubor de orgasmo,

acaricia mis tacones mientras yo voy arañando los pezones a la luna,

veras que al final conseguimos que se una a nosotros.

Vendrá y lo hará chorreando placer por las esquinas ,

abriéndose en cada gemido que nos robe. Tímida aprendiz de voyeur._

_¿Has visto como son de miel y acero las cadenas ?_ le pregunto a media voz.

 

 

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