Todo lo profundo ama la máscara. (Nietzsche).

 

Y mientras esperaba a embarcar …

Ha entrado sonriendo, directo a mí, como por derecho. Se ha detenido a unos pocos centímetros.

He podido oler su acento, su sangre , su  seducción reventando entre sus venas .

-¿Este es el baño de hombres?- me ha preguntado en su perfecto idioma.

-No, es el de mujeres- le he respondido deleitándome en la palabra “mujeres”.

Y sonriendo y seduciendo, ha vuelto a insistir: -¿Seguro-?

Observaba su boca, sus gestos a través del espejo, él detrás de mí con su chaqueta negra y una pequeña maleta.

-Seguro-le he contestado, esta vez  intentando alargar cada vocal y consonante, para que el instante se fundiera en mi intención, para pervertir un poco más el silencio

Un escalofrío de placer y de “no te vayas  aún” ha recorrido mi piel en el mismo instante en el que ha rozado su maleta.

La ha apartado, se ha situado detrás de mí  sin dejar de buscar mi mirada en el espejo. Ha respirado  junto a mi pelo, he inclinado la cabeza hacia abajo y él se ha acercado más a mi piel.

He podido sentir su calor, sus latidos bajo el pantalón. Ha susurrado justo en mi nuca algo en su idioma pero esta vez no he podido entenderle. Es igual , su respiración agitada me lo ha dicho todo.

Sus manos se han dirigido a mis caderas, levantando levemente el vestido, con tanta dulzura y sinuosidad que he podido sentir cada milímetro de sus dedos.

Ha seguido respirando en mi nuca, he podido aspirar cada bocanada de su deseo, multiplicando el fuego, la inquietud y el poco sosiego que me iba quedando.

Ha deslizado sus manos hacia mis nalgas, deteniendo así el tiempo .

He suspirado y ha comenzado a besar mi cuello. He abierto más las piernas y he ladeado la cabeza para acercarme a su boca.

Sus dedos entre mis nalgas, lentos, con calma y sin cautela han bajado levemente en busca de más calor. Han llegado a mi sexo. Su dedo corazón entres sus  labios, lo ha humedecido con devoción, después lo ha vuelto a introducir despacio, con seguridad mientras me ha ofrecido por fin su boca  vistiéndome con su saliva.

Humedad.

Profundidad.

Mientras seguia envolviéndome entre susurros y respiraciones perfumadas ha buscado derretirme allí mismo, frente al lavabo y a un espejo que jugaba a espiarnos y no morir ante tanto placer licuante.

Licuado.

Azul.

Y después se ha marchado, dejando el baño tomado por el deseo .

 

“Si está dentro de ti, 

siempre ha estado ahí”

 

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