Mi fantasia textual es que me comas, y punto.

Me has dicho que vas a venir y te he dicho que te voy a esperar.

Desnuda.

A solas con la piel, en la intimidad de mi alcoba. Con la ventana abierta dejándome acariciar por los primeros rayos de sol.

Me he quedado detenida en el tiempo al escuchar  tu voz. Mis dedos han cobrado intención y vida instantáneamente en cuanto has colgado el teléfono.

Te espero.

Aqui, desnuda, sobre las sábanas de seda que un día me regalaste.

Mi mano derecha  busca perderse entre mis muslos. Noto la calidez que te aguarda impaciente.

Ven.

La mano izquierda se hace la despistada bajo la almohada, se desenfunda y dirige las yemas de mis dedos a revolotear sobre mis pezones. Suaves, se adhieren con ligeros pellizcos, como sé que tú harás minutos después.

Noto la temperatura del sol salpicando mi cuerpo, me dejo hacer. Abro más las piernas para él. Es como si fueras tú, descarado, mirándome fijamente. Susurrándome: -así, ábrete más para mí-

Mi dedo corazón se desliza por entre la humedad de mi sexo, profundiza. Ligero, seguro.

Me estremece.

Mis caderas se llenan de palabras y caricias. Se impacientan.

Te buscan.

Te busco.

Te he dicho que te espero, desnuda, hambrienta, y así estoy.

Ven, ven y desordena estas sábanas.

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Descalza por las nubes.

Mi chico de fuera ha vuelto este fin de semana, y como hacia un tiempo que mi saliva no traspasaba sus fronteras ha venido con sed.

-Quiero sentirme más tuyo que nunca- me dijo por mail.

Para que cuando vuelva a coger el próximo vuelo y la distancia nos aleje, te siga sintiendo.-

 Y me quedé pensando sobre que nueva experiencia podríamos vivir juntos que se ajustase a esto.

Y lo tuve claro enseguida. El tiene un poco de pudor público que poco a poco va venciendo, le cuesta pero quiere superarse, así que el juego tendría doble objetivo.

Le esperé con ganas, se puso la camiseta que tenia preparada para él y salimos al mundo.

-Me siento muy seguro junto a ti -me dijo, y le besé.

Cogimos un taxi y rápidamente llegamos al sex shop elegido.

Se ruborizó, me miró. Le cogí de la mano.

-Has de elegir un juguete que después te acompañará a tu país y ese será nuestro símbolo- le dije .

-A continuación empezarás a hacer preguntas al dependiente sobre su uso, aclarándole que sobre todo tiene que gustarme a mí.- añadí.

Me miró con cierta suplica, respiro y afirmó con su mirada.

Comenzamos a curiosear por la tienda, nos movíamos con sigilo, con expectación, le observé y comprobé como fue directo a una vitrina con juguetes que parecían joyas por la sofisticación de su diseño.

Y con la precisión de lo indiscutible señaló una belleza de color blanco.

Este – me dijo con rostro de interrogación.

-Me parece perfecto para ti – le contesté.

Le guiñe un ojo y entendió que ahora tocaba el turno de ruegos y preguntas ante el dependiente.

Cogí su mano , la situé justo entre mi falda y mi sonrisa. Respiró y pude comprobar como la seguridad le invadía, lentamente.

 

Compramos un cinturón de castidad, para él, de silicona, de tal modo que podría viajar con él puesto, incluso pasar por la aduana sin miedo a dejar evidenciado nuestro símbolo.

 

Salimos de la tienda, olía a aire fresco y a aceras adheridas a los talones. Fumó un cigarrillo, sonrió.

Me dio las gracias.

Mordí su sonrisa.

El tiempo restante, ya en la habitación voló entre los dedos y más allá del ombligo, arrugando las paredes entre gemidos  . Dejando sabanas en el suelo y el placer derramado en cada rincón .

Y llegó el momento de colocarle el cinturón .

Mientras acariciaba el suave tacto de la silicona,s u sexo quería liberarse , cobrar vida bajo el juguete,lo humedecí, cerré con el candado de plástico y me quedé unos instantes disfrutando del momento.

Le di varias instrucciones y sobre todo le advertí que no se lo podría quitar hasta que volviéramos a vernos 1 semana después.

-Me aferraré a él como si fuera tu piel-me dijo.

Me lo tuve que comer a besos.

Húmedos.

Lentos

Profundos

Invasivos.

 

“La vida es un paraíso, pero no queremos saberlo” (Dostoievski)

 

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Si quieres sentir, comienza por los pies…

He vuelto a pasar por la zapatería tentadora de la esquina, aunque  esta vez ha sido diferente. La lluvia mojaba mi rostro pero pude acertar a ver a un dependiente más perturbador que nunca. De pie, junto a la puerta y con un cigarro en la boca, le he mirado, me ha mirado y con una sonrisa de medio lado sin apartar el cigarrillo me ha sonreído. Le he devuelto la complicidad pasada por gotas de lluvia. Se me ha antojado más atractivo que nunca, no sé si por su chaqueta de piel negra o por esa sonrisa que ha mantenido oculta tanto tiempo.

Después de hacer una gestión he decidido entrar en la zapatería. Me he dejado llevar por el olor de los zapatos, casi me pierdo entre unos  tacones de salón grises y  unas  sandalias de un rosa metalizado delirante . Olvidando que había entrado a la tienda para volver a ver al dependiente misterioso, los zapatos cobraron todo el protagonismo.

Concentrada en el tacto de la sandalia, en su olor, en un sutil brillo que casi hablaba por sí solo apareció él. Con voz tímida y muy pegado a mí me preguntó  si quería probarme alguno.

Claro_ le contesté.

Ya vuelvo_ me dijo timidamente.

Así, sin preguntarme el modelo o mi talla.

Le esperé sentada frente a un espejo algo barroco , mientras miraba el reflejo de mi imagen en él.

Hice bien en ponerme el vestido corto verde en esta tarde lluviosa_ pensé.

Mis piernas cruzadas me saludaban desde el cristal, mientras  las botas negras de tacón recién estrenadas hoy, esperaban impacientes a que ocurriera algo.

Y llegó él, sorprendiéndome, como de la nada le vi postrado frente a mí, de rodillas, con ambos  zapatos en la mano.Las sandalias rosas y los grises de salón, los miré, le miré. Tenia la mirada baja, la respiración agitada y un olor que gritaba “ven y cómeme”.

Me voy a probar las sandalias primero_ le dije.

Y él se ofreció con delicadeza y decisión a quitarme las botas de piel. Se deleitó en la cremallera, se prolongó en la extracción de la bota y después con mi pie desnudo entre sus manos ,le insinué con un breve  gesto  que inmortalizase el momento.

De rodillas, con mi pie acercándolo a sus labios  y a su rostro contemplé su imagen reflejada en el espejo .

La zapatería estaba llena y creo que a ambos nos dio igual.

Abre la boca_ le susurré, sin dejar de observarle.

Lo hizo y como adelantándose a mis deseos, comenzó a humedecer mis dedos, lentamente, uno a uno, mientras me miraba. Mientras su lengua se enredaba con cadencia entre mis uñas rojas. Pude sentir  su  humedad, su respiración.  Su aliento en la planta del pie se me antojó de lo más excitante.

Volvió al otro pie e hizo exactamente lo mismo, con la misma calma y sensualidad . Excitándome más aún.

Excitándose más aún.

 

No sé cuanto tiempo pasó, minutos, horas tal vez…

Sé que salí de la zapatería con ganas de más, con mi compra recién estrenada y con su numero de móvil  escrito en el empeine de mi pie derecho.

 

“Vamos a darnos indiscriminadamente a todo lo que sugieren nuestras pasiones y siempre seremos felices. La conciencia no es la voz de la naturaleza, sino solo la voz de los prejuicios”

(Marqués de Sade)

 

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Tengo un romance con los mejores labios de la ciudad, y él aún no lo sabe.

No hace falta

que nos perdamos

por las calles de la ciudad,

besándonos en cada una de las viejas esquinas

descritas por cada uno de los nuevos poetas,

ni que bebamos vino tinto junto al mar

en noches de luna llena

mojándonos los pies,

dejándonos  acariciar los dedos  por alguna suave ola

que nos besa lentamente,

y  ser así, más  intensos.

Para ser dignos de erizar pieles

de estimular miradas

o letras,

en  dos frases arrítmicas.

No hace falta,

si tú  y yo follando en el  suelo

ya somos poesia…

 

 

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Todo crece y todo asciende…

Y es que las calles a veces van cargadas de provocación, de noche y de miradas que invitan a crear momentos.
Caminando a ritmo rápido como me gusta hacer en ocasiones, escuché unos pasos que se deslizaban presurosos, como queriendo adelantarme.
Y me adelantaron, pero antes de hacerlo regaló su aroma por mis excesos. Su perfume humedeció mi imaginación y no pude hacer otra cosa más que cerrar los ojos, inspirar e intentar retener ese aroma en mi presente.
Le miré, se movió con seductora cadencia por mi lado, casi rozándome. Vestía de negro, y sus gestos, aunque de espaldas, se me antojaron seguros, sobrios, decididos y elegantes.

De nuevo, no pude hacer otra cosa más que seguir su rastro.

Su paso era muy apresurado, el juego a las 19 horas de la tarde se me antojó divertido, inquietante y de lo más excitante.
Mi sonrisa delataba mis intenciones, iba siguiendo sus pasos, observaba su cuerpo devorar las aceras, mientras humedecía mis labios . Me deslizaba entre miradas, aunque ya no tenia más campo visual que ese cuerpo con ese olor. Recordé una poesía antigua que decía algo así como:” Un día sale usted a la calle, le miran unos ojos y a partir de ahí todo cambia. Le dan ganas  a usted de salir corriendo tras ellos y gritar, ¡al ladrón, detengan a esos ojos!…”

La noche entrando me envolvía, acariciaba mi piel mientras una ligera brisa fresca rozaba mi rostro.

Aceleré  aún más el ritmo.

Su paso era raudo, se diría que volaba.
Un semáforo, un cruce, le busco y ya no está.
-No puede haber ido muy lejos-pienso.

Intento encontrar indicios de su olor.
Le tengo, siento como puede llegar a revolver mis sentidos de nuevo.

Ese perfume mezclado con tabaco me puede. Giro la esquina y allí estaba él.

De pie, apoyado en la pared, fumando y con esa sonrisa. Podría parecer que esperaba algo, la casualidad de su vida, tal vez.
Le miro directamente.

Me sonríe con seguridad, con toda la del mundo.
Sospecho que se ha dado cuenta de mi pequeña persecución .
-¿Buscabas algo?- me dice, mientras exhala el humo.
Su juego es directo. Seductor. Busca sorprenderme. Resumir mis intenciones.
Le sigo el ritmo.

No será él quien me haga titubear.
-A ti, por lo visto- le contesto, sonriendo.
-Pues ya me tienes- añade con rapidez.
Sus labios son gruesos, perfectos, de un color “rosado_besame ya”.
-Soy todo tuyo- insiste, tirando el cigarrillo al suelo.
-Que suerte tengo- le susurro.

Doy un paso y ya es casi mío,

me atrae hacia él por la cintura, mientras  busco su aliento con hambre,

con mucha, con toda .

Me besa desde la fascinación del instante, enredando texturas ,

fusionando ganas.
Me envuelve con su lengua y su calidez .

El olor que desprende su aliento me empuja a buscar más en su interior.

Es cálido, excitante…

Sus manos siguen en mi cintura, se deslizan hacia mis nalgas con cadencia.

Puedo sentir su erección.

Me muevo lentamente.

Besa suave, húmedo. Me susurra algo al oído y aprovecha para morderme el cuello.
Gime .

Me excita.

Más aún.

Me mira, sonrie y todo Madrid sonríe .

Mientras yo, dudo  si comérmelo ahí mismo o esperar un poco más.

Y que no bastaba con oler a seducción, tenías que ser seducción. Pienso en voz alta.

-¿Y lo fui?-me pregunta con mirada inocente.

Lo eres- le confirmo, mientras llevo mi mano a su entrepierna en un gesto inevitable

 

 

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