Todo crece y todo asciende…

Y es que las calles a veces van cargadas de provocación, de noche y de miradas que invitan a crear momentos.
Caminando a ritmo rápido como me gusta hacer en ocasiones, escuché unos pasos que se deslizaban presurosos, como queriendo adelantarme.
Y me adelantaron, pero antes de hacerlo regaló su aroma por mis excesos. Su perfume humedeció mi imaginación y no pude hacer otra cosa más que cerrar los ojos, inspirar e intentar retener ese aroma en mi presente.
Le miré, se movió con seductora cadencia por mi lado, casi rozándome. Vestía de negro, y sus gestos, aunque de espaldas, se me antojaron seguros, sobrios, decididos y elegantes.

De nuevo, no pude hacer otra cosa más que seguir su rastro.

Su paso era muy apresurado, el juego a las 19 horas de la tarde se me antojó divertido, inquietante y de lo más excitante.
Mi sonrisa delataba mis intenciones, iba siguiendo sus pasos, observaba su cuerpo devorar las aceras, mientras humedecía mis labios . Me deslizaba entre miradas, aunque ya no tenia más campo visual que ese cuerpo con ese olor. Recordé una poesía antigua que decía algo así como:” Un día sale usted a la calle, le miran unos ojos y a partir de ahí todo cambia. Le dan ganas  a usted de salir corriendo tras ellos y gritar, ¡al ladrón, detengan a esos ojos!…”

La noche entrando me envolvía, acariciaba mi piel mientras una ligera brisa fresca rozaba mi rostro.

Aceleré  aún más el ritmo.

Su paso era raudo, se diría que volaba.
Un semáforo, un cruce, le busco y ya no está.
-No puede haber ido muy lejos-pienso.

Intento encontrar indicios de su olor.
Le tengo, siento como puede llegar a revolver mis sentidos de nuevo.

Ese perfume mezclado con tabaco me puede. Giro la esquina y allí estaba él.

De pie, apoyado en la pared, fumando y con esa sonrisa. Podría parecer que esperaba algo, la casualidad de su vida, tal vez.
Le miro directamente.

Me sonríe con seguridad, con toda la del mundo.
Sospecho que se ha dado cuenta de mi pequeña persecución .
-¿Buscabas algo?- me dice, mientras exhala el humo.
Su juego es directo. Seductor. Busca sorprenderme. Resumir mis intenciones.
Le sigo el ritmo.

No será él quien me haga titubear.
-A ti, por lo visto- le contesto, sonriendo.
-Pues ya me tienes- añade con rapidez.
Sus labios son gruesos, perfectos, de un color “rosado_besame ya”.
-Soy todo tuyo- insiste, tirando el cigarrillo al suelo.
-Que suerte tengo- le susurro.

Doy un paso y ya es casi mío,

me atrae hacia él por la cintura, mientras  busco su aliento con hambre,

con mucha, con toda .

Me besa desde la fascinación del instante, enredando texturas ,

fusionando ganas.
Me envuelve con su lengua y su calidez .

El olor que desprende su aliento me empuja a buscar más en su interior.

Es cálido, excitante…

Sus manos siguen en mi cintura, se deslizan hacia mis nalgas con cadencia.

Puedo sentir su erección.

Me muevo lentamente.

Besa suave, húmedo. Me susurra algo al oído y aprovecha para morderme el cuello.
Gime .

Me excita.

Más aún.

Me mira, sonrie y todo Madrid sonríe .

Mientras yo, dudo  si comérmelo ahí mismo o esperar un poco más.

Y que no bastaba con oler a seducción, tenías que ser seducción. Pienso en voz alta.

-¿Y lo fui?-me pregunta con mirada inocente.

Lo eres- le confirmo, mientras llevo mi mano a su entrepierna en un gesto inevitable

 

 

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