Contar, si no es con tus manos, siempre es de menos.

“Cuando doy rienda suelta a lo que soy, me convierto en lo que podría ser” ( Laozi)

 

Has vuelto a entrar en mis metáforas

lentamente,

acariciando cada palabra desafinada.

Me has visto abierta de piernas a la rima

y a la risa también.

Te has desnudado para leerme mejor,

para amanecer empalmado frente al espejo.

No has necesitado tocarte

lo he hecho yo con mis uñas afiladas

mojándote de calma

desde mi aquí

desde este litoral

que te baila lento y sin luz…

 

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No puedes saltar fuera de tu propia sombra.

“Si hay una flor que se abre una  única noche, no por eso su florescencia nos parece menos esplendente” (Freud)

 

Mi caballero  ha llegado sin armadura y uniformado.

Le esperé tal y como me indicó.

-“Sobre mis tacones preferidos, con un corset negro y medias altas. Nada más.”-

-“Y nada menos”- pensé cuando me lo propuso.

-“Que aunque a veces te vistas de poema, te prefiero desnuda y desafiante”-me escribió en su ultimo mail.

Me ha despertado toda la sed, y más,  nada más verle, con ese uniforme del que tanto me había hablado, elegante, sereno, sonriente.

Y ahí mismo, con la puerta abierta y tal vez bajo la atenta mirada de algún vecino curioso nos hemos comido las ganas. A sorbos.

 

Le dirijo a la habitación, me suelta de la mano y se sitúa detrás de mí, con nuestras sonrisas reflejadas en el espejo. Sujeta mis manos. Me abre las piernas con su pie derecho. Me acaricia la nuca.

Lleva la cadencia de su voz hacia mi oido y me susurra-” no sé si late más mi corazón o mi polla” –

Todo él respira autoridad y sensualidad. Me envuelve su olor y su tono de voz. Fluyo con él.

Comienzo a notar como sus dedos acarician mi vientre, bajan, van más allá del tanga que no llevo, rozan mis instintos, atraviesan mi humedad… El controla mis movimientos con la mano sobre mi cabello.

Gimo. Me muevo sutilmente.

Intento besarle. No se resiste.

Y en un giro tan breve como inesperado por él, dirijo mi mano a su entrepierna. Me adueño de su boca y de sus interrogantes.

-“Ya eres mio”-le digo.

Me observa.

Se inquieta.

-Arrodíllate frente a mí”-le digo mirándole atentamente.

El ya sabe que lo hará antes de moverse.

 

Me gusta verle así, con su uniforme impoluto, con su solemnidad, postrado frente a mí.

-“Ahora sí-” le digo.-“Ya puedes continuar por donde ibas.”- Y dirijo su cabeza a mi sexo.

-“Demuéstrame como se mueve una lengua prisionera de mis caprichos. Invádeme y lléname de tu calor invernal”

Y lo hace. Le sujeto con fuerza y dulzura la cabeza. Su hambre aligera el ritmo en un Do mayor.

-“Suficiente”- le digo. Y le separo de mí con ayuda de mi pie enfundado en una sandalia negra de tacón progresivo.

Noto como mira mis dedos.

_”Acarícialos con tu lengua”- le indico.

Me da las gracias y me lo como con la mirada mientras voy derritiéndome con mi pie entre sus labios.

Y así pasan los minutos, o tal vez las horas, entre su placer y el mío derramándose gota a gota sobre el frío suelo de Febrero.

 

L.S.

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