Y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad.(Cortazar)

¿Me enseñas  lo delicada que puedes ser?- me dijo, mirándome con atención.

¿Como no?- pensé.

Y tumbado sobre la cama, desnudo, apenas su piel cubriéndole el alma, inmovilicé sus manos.

Me senté sobre él, sin quitarme el vestido ceñido negro, ni las sandalias.

Tapé sus ojos mientras preparaba una deliciosa copa de vino blanco y cuando todo estuvo listo le quité el antifaz.

Me miro sediento. Humedecí mis labios, pudiendo sentir el sabor del carmín rojo y le pregunté:

-¿Verdad que quieres beber?

-Si, por favor-susurró.

-Abre la boca- le dije bajito, como queriendo que el resto de la habitación no nos escuchara.

La abrió con avidez.

-Ofréceme tu lengua-

Y gota a gota le cubrí de sinuosa saliva que moría por resbalar y derramarse dentro de él.

Mientras me miraba como pidiéndome más, bebí lentamente de la copa de vino.

Le miré, sonreí y le regalé un poco de vino de mi boca. Demorándome en el momento. Deslizando mi lengua por la comisura de sus labios y dejando a nuestras lenguas que se reconocieran…

 

 

 

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