La vibración del momento…

¿Desde hace cuanto tiempo  juegas con desconocidos?- me preguntaron hoy.

Espero que desde siempre- pensé.

La alternativa es hacerlo con “conocidos”, pero en todo caso nunca dejar de jugar…

Y es que hoy me metí a Málaga entre mis muslos, tras olernos, tocarnos y eternizarnos mutuamente. Ayer me invadieron los excesos de la mano de Palma de Mallorca y mañana haré el amor con Madrid muy suavemente, para que no se me escape ninguna caricia, embotellando así cada suspiro en mi memoria.

Y tal vez pasado, otra ciudad.

Otro país.

Otra isla, otros susurros me dejarán la piel a punto de placer…

 

“La felicidad dura una hora y ante el miedo del hombre se evapora”

 

 

 

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Suspirando fantasias.

Se te ha olvidado llevarte tu sonrisa,

la has dejado bajo mi ombligo,

como chorreando,

desorientada e inquieta en busca de mis tobillos,

o similar.

Y a mí,

que nada se me olvida,

olvidé preguntarte si hoy fuiste,

o te imaginé.

 

 

“Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa”

(G.Cerati)

 

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Es hermoso ser lo que eres. (J.P. Gaultier)

Otro jueves que quise ir a esperarle a la parada del autobús.

A la misma hora, puntual y expectante, como siempre, aunque esta vez quise darle una pequeña sorpresa, por eso de cambiar lo bueno por lo estraordinario.

Tarde de calor en Madrid, una parada poco frecuentada y a una hora en la que te apetece  estar en cualquier lugar menos en una parada de bus, la ocasión lo pedía a gritos.

Me puse un vestido muy corto y  vaporoso, de los que se mueven solos según vas caminando o de los que se meten entre las piernas si te descuidas.  Me puse unas bailarinas y salí así, sin ropa interior.

Por el calor, y por él…

Ya en la parada, me senté.

Gafas de sol, carmín rojo “bésame ya” y dispuesta a esperarle con una sonrisa hambrienta.

Unos 5 minutos y el bus se aproximaba. Subí un poco el vestido, dejando rozar mis muslos  por él y abrí ligeramente las piernas. Pude sentir una ligera brisa y la excitación que comenzó a crecer o tal vez a resbalar.

El bus frente a mí parando. Yo humedeciendo mis labios lentamente con la lengua.

El calor…

Él, bajando a ritmo lento y caminando hacia mí.

Yo, acariciando y llevando mi cabello hacia un lado.

El bus que no acababa de irse de la parada. Mis piernas más abiertas aún, aguardándole.

Y él, cada segundo más cerca.

Y yo, cada suspiro, más excitada y palpitante…

 

_Yo, con vértigo y tú, haciéndome volar_ me dijo al aterrizar su mirada frente a la mía.

 

 

 

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“Lo máximo que se puede esperar de la perfección es un instante”

Acariciar-te es un arte.

 

 

 

5 sentidos-2

Con los 5 sentidos y alguno más…

¿Con cual te quedas?

Mis esenciales:

El olfato, tal vez porque quizás los olores evocan el privilegio de la invisibilidad y antes del tacto sucede el olor como una esencia que sabe desaparecer en el aire y ser agente de un gran poder. La seducción que despliega el olor es implacable. El sentido del olfato es 10,000 veces más sensible que cualquier otro de nuestros sentidos y el reconocimiento del olor es inmediato. Otros sentidos similares, como el tacto y el gusto deben viajar por el cuerpo a través de las neuronas y la espina dorsal antes de llegar al cerebro, mientras que la respuesta olfatoria es inmediata y se extiende directamente al cerebro. Este es el único lugar donde el sistema nervioso central está directamente expuesto al ambiente, con razón  cada olor es un viaje a varias dimensiones… Y cuando digo olor, me refiero a ti y a ese perfume que dejas en mi habitación cuando te vas.

 

El oído, simbolizado a través del embajador que más le hace justicia: la música. Del griego: “el arte de las musas “, es , según la definición tradicional del término, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psíco-anímicos… Y por música entiendo tus jadeos, y gemidos abriéndose paso por  mi piel…O tu voz con volumen descendiente, de ombligo hacia abajo, buscando el timbre de mi placer en tono impaciente. O mis silencios que persiguen el ritmo de tu respiración.

 

 

Y aunque Antoine de Saint-Exupéry, autor de “El Principito” dijo que “lo esencial es invisible a los ojos” la visión tiene una especial relevancia para el juego de la seducción. Lo curioso es cuando te veo acariciándote para mí, frente al espejo, desnudo, provocador, tan tú, y sin embargo no estás aquí.

 

 

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El mejor camino para llegar a la verdad es a través de la ficción.

Me ha llegado una carta, correspondencia a la vieja usanza.

Un poeta enmascarado hablando de rimas en la madrugada , de sucias palabras sin recato y de la belleza de las mismas.

Me dice que le gustaría que me tocara mientras las leo. Que comenzara a masturbarme mientras recuerdo el tacto de su cabeza entre mis piernas o el picor de su barba incipiente en las ingles, o la punta de su nariz hundiéndose en mi sexo cuando empuja su lengua más y más adentro. O tal vez que rememore lentamente el calor de su aliento quemándome hasta el ombligo.

Afirma que mientras escribe me visualiza humedeciendo mis dedos a la vez que voy juntando sus letras, para después llevarlas a mi sexo y guardarlas ahí, bajo su atenta tinta.

Me imagina entregada al placer sin restricciones y al sudor resbaladizo de la urgencia.

-Acaríciate y fóllame después, ataviada con tus vestidos de calle, con las botas oscuras y las bragas en la mano.-

Y así se despide, supongo que con la calma tensa de saber que puede ser en cualquier momento cuando volvamos a sentirnos.

 

 

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La mejor de mis virtudes aparece si me rozas.

Me susurró -“no voy a olvidarte nunca” – y su lengua comenzó a bajar sinuosa y aventurera recorriendo mi piel, bifurcándose en mis pezones, descendiendo por mi obligo, perdiéndose entre mis muslos.

Invadiéndome.

Buscándome.

Encontrándome.

-“Me voy a llevar tu olor conmigo”- pude escuchar que musitaba mientras su lengua rompía el curso de mi humedad.

Sus manos se apoderaron de mis piernas abriendo mis ganas  al ritmo de sus movimientos.

Y en su mirada la promesa de placeres prolongados en horas alargadas y robadas a la lluvia de Junio.

 

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“Lo más hermoso es tu ombligo,

arrecife del deseo,

perla hundida donde veo

mucho más de lo que digo”

(Juan Chabás)

 

 

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Hay que volar para saber donde volver.

De cuando Afrodita coincidió en el tiempo con Baco, él ya hacia vidas que la esperaba, y quien dice vidas, dice camas, sabanas, cuerpos.
De cuando se chocaron sus pieles, ella pensó al verle que desearía masturbar su alma a 2 manos y comerle sus miedos a besos. Mejor, que cuando el deseara besarla, ella le respondería con un mordisco en la comisura de su entrepierna.
El la miró y bebió para celebrarlo de su copa de vino.

A ella le excitaron los movimientos pausados de sus manos y pensó que deseaba sin prisa todas sus pausas. Hasta sus excesos, que ya los veía llegar.
El dudó si rozar su pálida piel o meterla mano directamente.
Ella le dijo que iba a hacer todos sus imposibles muy probables y que las dudas de la piel se resuelven con la boca.
El tiró la copa de vino sobre su pecho y comenzó a lamérselos a modo de celebración orgiástica.

Ella suspiró húmedas palabras mientras se embriagaba del aroma de Baco.

Solo había color y calor en ese momento.

Él, ella y sus pieles reconociéndose.

 

 

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