La mejor de mis virtudes aparece si me rozas.

Me susurró -“no voy a olvidarte nunca” – y su lengua comenzó a bajar sinuosa y aventurera recorriendo mi piel, bifurcándose en mis pezones, descendiendo por mi obligo, perdiéndose entre mis muslos.

Invadiéndome.

Buscándome.

Encontrándome.

-“Me voy a llevar tu olor conmigo”- pude escuchar que musitaba mientras su lengua rompía el curso de mi humedad.

Sus manos se apoderaron de mis piernas abriendo mis ganas  al ritmo de sus movimientos.

Y en su mirada la promesa de placeres prolongados en horas alargadas y robadas a la lluvia de Junio.

 

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“Lo más hermoso es tu ombligo,

arrecife del deseo,

perla hundida donde veo

mucho más de lo que digo”

(Juan Chabás)

 

 

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