Estar, incluso sin estar.

“Un finde muy especial.” (Parte I)

Hacía unos meses que había adquirido la condición de esclavo de su Dueña. Ella le dictaba aquello que podía hacer y lo que no podía hacer, marcaba las pautas de sus hábitos de vida dentro de los límites que habían acordado y de vez en cuando realizaba aquellos servicios que ella le indicaba.

Por eso no le extrañó recibir un mensaje en su móvil indicando que aquel viernes fuera a recogerla a una determinada dirección, ya había hecho de chófer para ella en alguna otra ocasión. Si acaso le extrañó que le dijera que pasara a por ella a las 23:55 de la noche, sin embargo, ni se le ocurrió cuestionarlo.

Acudió puntual. Ella, vestida de rojo, con un traje corto y muy ajustado subió al coche y le indicó:

-“Conduce hasta el aparcamiento público de la calle Almagro y aparca el coche en la última planta”.-

“Como Tú digas”- contestó.

No había demasiada distancia desde donde la recogió hasta el destino; por el camino fueron conversando sobre las últimas películas que habían visto. Llegaron al aparcamiento, él recogió el ticket y, tal como ella le había indicado, bajó hasta la última planta. Estaba completamente vacía. Llevó el coche hasta el fondo de la planta, al otro extremo de la rampa de salida, y aparcó. Ella acercó su boca a la oreja y le susurró con un tono suave y sugerente :

-“Baja del coche, desnúdate por completo y dame toda tu ropa, no te va a volver a hacer falta durante todo el fin de semana”.-

Un sitio público.

Vacío, sí, pero público, a fin de cuentas.

Ella le pedía que se desnudara completamente y quedara a expensas de que de repente apareciera alguien y lo descubriera. Ella estaba volviendo a jugar con uno de sus mayores temores. Se bajó del coche y empezó a desnudarse de manera nerviosa para cumplir.

Sus indicaciones estaban por encima de cualquier sentido de pudor que pudiera tener. Según se quitaba una prenda se la entregaba cuidadosamente doblada a ella, hasta que quedó completamente desnudo tal y como ella había indicado, con la única excepción del cinturón de castidad que lucía en su sexo. En ese momento ella llevó la mano al collar en el que colgaba la llave que  abría el cinturón y sonrió mirándole a los ojos.

Bajó del coche y los tacones resonaron en el aparcamiento vacío mientras daba la vuelta al coche y se dirigía hacia donde él esperaba de pie. Lo miró y él supo inmediatamente lo que tenía que hacer: se arrodilló, apoyó la frente y los antebrazos en el suelo y esperó sus indicaciones.

Ella se puso en cuclillas, acarició su cabeza muy dulcemente y volvió a susurrar con el mismo tono de antes en su oído:

-“Métete en el maletero,  va a empezar un fin de semana inolvidable para los dos”-

Él obedeció, se metió en el maletero y se acurrucó. Ella le acarició la cabeza  durante unos segundos, transcurridos los cuales le ofreció su mano que él besó con devoción mientras le daba las gracias.

-Te dejo unos folios en blanco y un bolígrafo, podrás escribir tus sensaciones siempre que te apetezca- Plasmó estas  palabras con un húmedo beso  y cerró el maletero del coche.

Acto seguido, ella lo tapó con una suave y aterciopelada manta hasta los hombros, cerró el maletero, se sentó en el asiento del conductor, cerró la puerta y puso en marcha el coche para que diera comienzo ese fin de semana.

Mientras tanto, en la sala de vigilancia del aparcamiento, el guardia de seguridad no daba crédito a lo que sus ojos acababan de presenciar en una de las cámaras del circuito cerrado de televisión.

Imagen 1.png

En unos minutos él comenzó a escribir:

“Estoy viendo planos de experiencias sensoriales que no sabía que pudieran existir. Estos planos viajan a las profundidades de mi esencia, trascienden el tiempo y el espacio, y sin embargo no tengo miedo. Mi verdadero yo está floreciendo. No es una cuestión de fuerza ni dirección sino de entrega, y ahora mi sexualidad y mi corazón están tan unidos que apenas puedo prestar atención a uno sin excitar al otro. Estoy tan extasiado que la he suplicado  mentalmente que siga…”

Continuará…

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