Soy como tú me miras.

“Un finde muy especial” (II)

No supo cuánto tiempo había transcurrido desde que Ella le dijo que se metiera en el maletero hasta que sintió que el coche se detenía. Tras unos segundos volvió a emprender la marcha, esta vez por un camino de gravilla. Poco tiempo después volvió a detenerse, escuchó cómo se abría la puerta del coche y los tacones de su Dueña. De repente se abrió la puerta del maletero, tuvo que entornar ligeramente los ojos para acostumbrarse a la luz que le daba en la cara. Ella le habló. Muy suave pero con firmeza en sus palabras.

-Sal del maletero y ponte de rodillas con las manos apoyadas en el suelo-.

Obedeció sus indicaciones y a los pocos segundos estaba de la manera en la que Ella le había indicado. Sus zapatos negros de tacón altísimo aparecieron delante de sus ojos y sintió cómo con la mano acariciaba su pelo, de la misma manera en la que se acaricia a una mascota. Poco después, esa mano estaba delante de su cara. Instintivamente la besó, agradeciendo la caricia que había recibido instantes antes.

Un collar metálico se ciñó alrededor de su cuello y escuchó el clic con el que Ella lo cerró. Una cadena con un mosquetón terminó de fijar el collar a su correa y sintió un leve tirón con el que supo que debería seguir a su Dueña caminando a cuatro patas. El garaje en el que había aparcado el coche se comunicaba con una puerta con el resto de la casa. Atravesaron un salón grande y un pasillo, Ella caminaba lentamente llevándole de la correa. Él la seguía con la mirada fija en sus tacones.

Terminaron llegando a una habitación grande en la que había una cama y dos aparadores. En la parte superior de los aparadores lucían ordenados un sinfín de juguetes que sin duda su Dueña emplearía a lo largo del fin de semana. Se acercó a uno de los aparadores y dejó el collar enganchado al pomo de uno de los cajones y le ordenó que permaneciera allí de rodillas y con los antebrazos apoyados en el suelo.

Ella se metió en el baño y permaneció unos minutos que a él se le hicieron eternos mientras escuchaba el inconfundible sonido de la ducha.

Al rato volvió a oír la puerta del baño y Sus tacones desplazándose sobre el suelo de madera. “Tendrás sed, bebe un poco”, le dijo Ella mientras ponía en el suelo una escudilla con agua. Él le dio las gracias y procedió a beber un poco introduciendo la boca y la nariz en el recipiente a la vez que Ella volvía a acariciar suavemente su pelo. “Pasa al baño y date una ducha rápida”.

Cuando salió del baño vio que Ella estaba sentada en los pies de la cama, con una mirada le indicó que fuera hacia donde estaba y con un gesto de la mano entendió que debía ponerse de rodillas delante de Ella y así lo hizo, manteniendo en todo momento la mirada fija en el suelo. Con un leve toque de Su pie le hizo entender que debía separar las piernas y ya con las piernas separadas Ella empezó a juguetear con el pie alrededor de la jaula metálica en la que estaba encerrado su sexo, que empezó a excitarse buscando una erección imposible.

Le hizo subir a la cama y tumbarse boca arriba, vendó sus ojos, colocó una pinza metálica en cada uno de sus pezones y ató las manos y los pies a las patas de la cama. Estaba totalmente a merced de su Dueña. Acto seguido Ella se sentó sobre su cara.

-De momento solo puedes olerme-.

Empezó a jugar con las pinzas de los pezones, las retorció, las apretó con los dedos mientras las quejas de él quedaban acalladas por el sexo de Ella. Bajó con Sus manos por su vientre hasta llegar al cinturón de castidad, lo acarició como dando comienzo a una masturbación. Ella veía cómo la excitación crecía en él como tratando de escapar del dispositivo metálico en una lucha inútil.

Con una de Sus manos retiró ligeramente la tela de sus bragas para dejar Su sexo directamente sobre la boca de él y le indicó que empezara suavemente a lamer. Él obedeció y poco a poco fue lamiendo a la vez que notaba los inequívocos signos de placer de su Dueña. Ella, queriendo alargar lo más posible su excitación escapaba de vez en cuando de la lengua de su esclavo y le pasaba su sexo sobre el pecho marcándole así aún más de Su esencia, para volver a sentarse de nuevo sobre su cara. Él siguió lamiendo cada vez más rápido llevándola a un orgasmo que empapó todo su rostro tras el cual dejó caer Su cuerpo sobre el de él.

Cuando se recuperó habló muy cerca de su oreja:

-¿Cuánto tiempo llevas sin tener un orgasmo?- Preguntó, aunque sabía perfectamente la respuesta quería escucharla de su boca.

-Hace tres semanas desde la última vez que me permitiste tener uno y me colocaste el cinturón de castidad-.

-Te has portado muy bien durante estas tres semanas. Me has servido con devoción y me has proporcionado mucho placer. Como premio voy a retirarte el cinturón de castidad-.

Acercó la llave que colgaba de su collar y retiró el candado primero, la jaula después y por último el anillo que abrazaba la base de su miembro por detrás de los testículos. Una vez estuvo libre empezó a acariciarlo muy suavemente, casi sin tocarlo. Después de esas tres semanas en castidad reaccionó de inmediato ante aquel casi inexistente estímulo y unas gotas transparentes empezaron a salir. Ella las recogió con uno de sus dedos y se lo acercó a sus labios. Él supo inmediatamente que tenía que limpiar el dedo de su Ama.

Mientras tanto Ella continuó estimulándolo solo con dos dedos volviéndole completamente loco. Poco después lo agarró con firmeza y lo masturbó más rápido, él tardó muy poco en pedir permiso para correrse, momento en el cual Ella dejó de masturbarlo “Todavía no”. Lo dejó descansar y recuperarse para volver entonces a continuar la estimulación. Extendió lubricante tanto en Sus manos como en el pene y prosiguió masturbándolo alternando ritmo lento con ritmo más rápido, caricias casi imperceptibles con caricias más firmes. Él volvió a pedir permiso para correrse.

-Pídemelo otra vez-.

-Por favor ¿puedo correrme?-

-Otra vez-.

-¿Puedo correrme, por favor?-

-Todavía no-.

Y paró de nuevo para que se recuperara. Su respiración se hacía cada vez más entrecortada. Ella acercó Su boca a uno de los pezones y lo mordió, para luego hacer lo mismo con el otro. Volvió a extender lubricante y empezó de nuevo a masturbarlo mientras le dijo al oído:

-Cuando vuelvas a sentir que estás llegando al orgasmo tienes dos opciones, o no decirme nada y correrte, o pedirme que por favor no deje que te corras-

-Como tú ordenes- respondió.

A los pocos minutos él sintió que de nuevo estaba a las puertas del orgasmo.

-Por favor, no dejes que me corra-.

-Pídemelo otra vez-.

-Por favor, no dejes que me corra-.

-¿Quieres que pare y que vuelva a ponerte el cinturón de castidad?- preguntó Ella mientras no dejaba de masturbarlo.

Un hilo de voz, casi un susurro, salió de su boca

-Por favor, ponme de nuevo el cinturón de castidad-.

En ese momento Ella paró, esperó a que la erección empezase a disminuir, colocó de nuevo el cinturón de castidad en su sitio y besó la jaula. Acto seguido le liberó de las ataduras y le dio un largo beso.

-Esta noche me has proporcionado placer por partida doble. Primero haciéndome llegar al orgasmo y ahora entregándome tu frustración a pesar de llevar tres semanas encerrado en el cinturón de castidad. Estoy muy orgullosa de ti-.

-Muchas gracias, Ama-.

Ella lo abrazó por detrás y le preguntó:

-¿Qué más estarías dispuesto a entregarme?-

-Todo- respondió él, casi de inmediato.

-Cuando termine este fin de semana me habrás entregado mucho más que eso-.

 

“A mind that is stretched by a new experience can never go back to its old dimensions”.

 

 

PD.
Gracias a quien me escribió este relato_fantasía, lo que él no sabe es que muy pronto podría hacerse realidad.

 

Copyright@2016-19L.S.

3 comentarios en “Soy como tú me miras.

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