Entró en mi vida, como se entra en una frase.

Afrodita  esperaba al siempre elegante Eros en su apartamento.

Vestida como a él le gustaba.

Un traje corto, muy ceñido, con medias negras y liguero a juego. Zapatos de tacón que podrían rozar el  séptimo cielo y nada más.

Sin ropa interior, como a ella le gustaba.

Eros llegó a la hora adecuada. Fue desplegando movimientos seductores por el pasillo y sobre la alfombra derramó toda su sensualidad al anudarse el nudo de los zapatos como él solo sabia hacer. Por un instante su sonrisa casi compitió con la de ella.

Y tras una ración y media de besos interminables entre ambas deidades, la mirada de ella lo dijo todo. Estaba hambrienta. De comida, también.

Ella recordó por un instante la primera vez que sus bocas se rozaron, hace varias épocas ya.

-No saldrás ileso de mis besos- le advirtió ella.

-Por ti, todas las canciones del mundo- contestó él.

Salieron a cenar por el olimpo derrochando libertad.

Y confidencias.

-¿A cuantos hombres has amado?-le preguntó él.

-¿A cuantas mujeres has olvidado?-contestó ella.

Sonrieron y volvieron a comerse a besos mientras los camareros interrumpían pacientemente .

Cuando llegó el momento del exquisito mousse de limón ella le pidió que abriera su boca, ofreciéndole un poco del manjar desde la suya, directo a su paladar.  El lo recibió con devoción, deleitándose en la cremosidad del limón mientras envolvía la lengua de ella.
Y al sentir la textura tan suave en su boca, él, por alguna analogía tal vez, busco entre los muslos de ella esperando encontrar el tacto de su ropa interior, sin embargo lo que encontró fue algo mucho más suave aún.

Afrodita sonrió. Y todo el Olimpo sonrió con ella.

-Es hora de irnos- le susurró lentamente.

Subieron al coche y se dirigieron hacia la improvisación más excitante que la noche pudiera ofrecerles.

Mientras Eros conducía , con la otra mano deslizaba sus dedos entre las piernas de ella, mientras Afrodita abría sus muslos con lenta cadencia. Sentía como la punta de sus dedos impregnada de saliva se iba  fusionando con su propia humedad. Inevitablemente situó su mano sobre los dedos de él, indicándole así que quería más profundidad.

Ella siempre quería un poco más.

Y en un cruce cualquiera de destinos  apareció Baco. Hacia mucho tiempo que no coincidían. Afrodita supo enseguida lo que su propia piel le pedía. Y sus deseos, eran ordenes para ella.

Se dirigieron a él. Se sorprendió. Ella le mostró la mejor de sus sonrisas mientras le indicaba que subiera al coche.

Baco no titubeó ni un instante.

Los 3 deseos a flor de piel en el coche, juntos, con poco espacio y ese blues de fondo.

Baco era tan directo como seguro de sí mismo. Y aunque tenia vocación de herida, nunca pudo resistirse a los encantos de Afrodita. Esa noche vestía aquella elegancia intrínseca de la desesperación que un día tanto le atrajo a ella.

No quiso demorar demasiado lo inevitable, buscó su boca bajo la atenta mirada de Eros.

Lo besó. Se lo comió a besos literalmente.

La noche, ellos, la música…

-Ahora vosotros- le indicó con un guiño a Eros- mientras sus ojos se transformaban en una interrogación.

-Me gustaría veros juntos-le susurró al oído.

Y se incorporó al asiento de atrás, ella quedó en el delantero. Observándoles.

Deleitándose.

Licuándose de placer muy lentamente.

Saturándose de química. Dejándose invadir por cada sensación que la situación regalaba.

Se besaron.

La noche y el calor hicieron el resto. La boca de Baco fue descendiendo por el pecho de Eros, ese pecho que tanto calor otorgaba a Afrodita en frías noches como aquella.

Su lengua inquieta se enredó en el ombligo de su amante bajo la excitada mirada de ella.

-Sigue- le indicó .

Alargó sus brazos y ella misma desabrochó ambos pantalones.

Y aunque no había demasiada claridad pudo quedarse con cada delicioso movimiento. La boca de Baco acariciaba el sexo de Eros. Suavemente primero, para pasar a engullir literalmente su miembro. Eros suspiraba mientras buscaba los ojos cómplices de ella. Abría su boca. Esperaba algo más. Ella se acercó y le besó mientras Baco seguía devorándole.

-Ahora hazlo tú- volvió a indicarle a Eros.

Y lo hizo, con su mano apretando los senos de ella comenzó a enredarse en el sexo de Baco. Y Baco queriendo más. Pidiéndole casi a gritos que lo hiciera más y más rápido , mientras Eros seguía con su dulzura.

-Esta noche quiero ser de agua- pensó ella.

Y continuaron comiéndose y untándose de placer mientras la noche se alargaba entre tantos gemidos.

Y ella, como buena voyeur disfrutó cada décima de segundo.

Se volvió ojos.

Y oídos, para  que no se le escapara ningún sonido.

Ni olor. Olía a viernes , a algodón, a almizcle, a noche…

 

“Las palabras es lo único que tenemos” Samuel Beckett

 

 

 

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