Mi placer. Mi poder.

Mi fantasía eres tú.

Un sueño tras el cristal.

Tu amor resbalando entre mis piernas.

Tu cuerpo desnudo sobre el sofá y tú mirando al techo. O a la nada,

porque te vendo los ojos y a partir de ahí, todo es posible.
Contemplo tu boca entreabierta. Tus gruesos labios. Respiras jadeante cuando me acerco a tu cuello,
te regalo mi aliento.

Tu calma llena toda la sala.

Me hablas de tu deseo medio amordazado y con el bondage a punto de materializarse ¿Hablas de deseo tú?- pienso.

Si tú eres eso.

Placer licuante tras el cristal empañado del baño.

Deleite de los sentidos.

Tu cuerpo perfecto está desnudo con los pies en el suelo y las manos atadas, dejas a la vista tu vello, manjar de las diosas de mi reino y de alguno más que se me escapa.

Tú. El salvajismo adecuado. La dulzura precisa. La pulsión asesina idónea.

Llenas tu boca y mis oídos de deleites y rimas, te digo que pares, que no es necesario. Si solo el sonido de tu respiración  hace palpitar mi sexo bajo el encaje negro.

Soy una sacerdotisa a punto de ser colmada-pienso.

Es mi hora de suerte.

Acaricio con la punta de mi lengua tu miembro erecto. Anticipo lo que vendrá cuando una gota de algo parecido a una blanca ambrosía escapa sin aviso.

Tu jugo, néctar de mi salvación.

Todo para tí-me dices.

Soy tuyo- y la excitación va resbalando  por el encaje. Introduzco mi dedo buscando mi humedad y te lo acerco a esa boca de labios ardientes. Chúpame- te digo.

Tú, mi juego más salvaje.

Mi polla más feroz.

Tu piel con mi piel, eso es lenguaje. Todo el que pretenda enmudecerlo, maldito sea.

 

“Joven ateniense,
sé fiel a ti mismo y sé fiel al misterio.
El resto es perjurio”.
(Emily Dickinson)

PD:
Ultimos 3 MESES en Madrid.
Bss

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Me invento la belleza para no morir de frío.

-Soy tuyo- me dice.
-Exprímeme, vacíame-
-Déjame exhausto y llénate de mí-
Y eso acaba ocurriendo.
Salgo a la calle, vestida con un traje corto sin ropa interior ya que la que llevaba hasta hace apenas minutos, se la regalé a él en nuestra última embestida y así,

sin darme cuenta o dándome mucha cuenta pero sin importarme,

voy chorreando su esencia entre mis muslos.

Y va bajando él en forma de viscosidad blanca por mis piernas desnudas que recorren mi piel lentamente como en un intento de volver a acariciarme, aún sin tener sus manos presentes y sucede que vuelvo a excitarme.
Ahora, que apenas hace unos suspiros le he tenido dentro de mí.

Yo desnuda frente al espejo y él vestido detrás de mí, observándose-observándonos.
Con su aliento en mi cuello.
Con sus palabras en mi nuca enredando mis rizos.
Y mis caderas marcando otro ritmo diferente al suyo, mientras, él luchando porque prevalezca el más fuerte, el más rápido.
Y la lucha de egos.
De intenciones.
Juegos de poder a flor de piel en una serie de apartes que a veces suceden.
Y ocurre que a veces hago paisajes con lo que siento y los saco a bailar,
y esta vez con su humedad a la altura de casi mis rodillas le recuerdo jadeante tras de mí y me revientan las ganas de acariciarme aquí,

en esta calle casi desierta de Madrid,

entregándome al culto de la confusión y del ruido,

olvidando que la salida es siempre hacia dentro.

 

“Yo ya estoy lejos.
Yo ya estoy en otro mundo.
Amándote con una furia que no imaginas”.

( Alejandra Pizarnik)

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