Todo empieza antes.

A veces cuando menos te lo esperas llegan cartas, de esas que pueden olerse, estrujarse y hasta quemarse si fuera necesario, para después continuar oliendo los restos.

A veces incluso provoca contestarlas.

A él le gustaba su cama, a ella su drama, el resto se transformó en este vis a vis poético o similar:

Carta 1 de X a Lara.

“Es curioso como, antes que soñar una experiencia, siempre he anhelado que fuera junto a alguien que tuviera la capacidad de sorprenderme, de hacerme sentir el vértigo de cada paso en el alambre. Por ejemplo, junto a ti. Eso es probablemente lo que siento ahora cuando te escribo, un delicioso hormigueo que me da la vida, despierta mi imaginación, mis sentidos y deseos más perversos o los más tiernos, en cualquier caso, una complicidad que rara vez un hombre logra tener a lo largo de su vida. Por eso la soledad, por eso la literatura, por eso la música. Por eso la llamada del sexo y del Bdsm. 

Soy un esteta de mierda, lo sé.

Los cuerpos son honrados, los corazones perversos. Antaño si no recuerdo mal, mi vida era un festín en el que se abrían los corazones y corrían los vinos. Hoy he sentado a la belleza en mis rodillas y después la injurié… Ese ha sido un punto de partida. Un verso de Rimbaud, una temporada en el infierno, que me define desde la adolescencia… y así hasta hoy. 

Me pregunto hasta donde podríamos llegar tu y yo juntos, qué limites rebasaríamos, en cuantos pedazos se rompería la rutina, nuestra particular rutina, de qué manera acabaríamos construyendo otra y lo que es peor, hasta qué punto finalmente la sobreviviríamos. Me dejo llevar por la imaginación.  

El sexo como territorio explorado, está bien, pero el sexo como territorio que nunca se termina de explorar es mucho mejor. No voy buscando El dorado, pero tengo la sensación de que me acerco a él cada vez que hablo contigo. Las palabras me queman. Así que me cuesta imaginar cómo será una mirada, una caricia y más. 

No voy buscando una relación de experiencias sado-masoquistas porque acabaría pareciéndome a una señora comprobando la lista de la compra…una lista de sueños y deseos cumplidos o que se dejaron de cumplir. No tiene sentido.

Es probable que me resulte tan excitante ir a ver un Caravaggio en la galería Ufficci de Florencia o en la Villa Borguesse de Roma como que me sodomices antes o después en su espléndido jardín o en un local de Madrid o en el salón de tu casa o en la mía, después de haber descorchado una buena botella de vino, haber escuchado un vinilo… habernos despertado, haber discutido. No depende tanto el qué haga sino que lo haga contigo. Te preguntarás qué busco y yo te respondería que la plenitud, un instante sagrado en el que el placer y el dolor, el sometimiento, el poder y la entrega sean todo uno. Escucharte y acariciarte mientras nos detenemos a ver un lacónico y nostálgico cuadro de Hopper en el Thissen o un Bacon en la Tate valen tanto como ir a comprar fetiches o sentir que tu mano juega disimuladamente con mi polla en un concierto donde alguien canta Sinnerman. O recibir tu piel en la mía, quedarme impregnado con tu aroma, como se reconoce un perfume o el sabor de la carne y el pecado…reconocerte en una mirada, en un gemido, sentirte dentro de mi incluso si nos compartimos, encontrar la palabra, el libro la imagen que se convirtió en la fotografía de nuestra complicidad. Y esta es sólo una visión ordenada y esquemática de la vida, entre lo público y lo privado, lo sublime y lo vulgar que se va trenzando con el palpito de la vida cotidiana, el pulso de Madrid o Berlín. Entre una cosa y otra está todo lo demás, un espacio propio o un momento propio, de los dos, perverso y fértil, luminoso y oscuro, delicioso y bello, frágil, duro, grotesco o sutil. 

Creo que cuando llegue a hablar contigo todo tendrá algo de acontecimiento. Las palabras elegidas, las preguntas formuladas, la expectación producida, el arte de lo imprevisible, el juego. Sé que sucederá así .

Contigo no pienso qué me queda por hacer o que experiencia busco, sino todo lo que vamos a hacer…

Si me permites la osadía y la curiosidad, ¿cual ha sido tu momento más “hard” sexualmente hablando? Prometo responderte con total sinceridad como agradecimiento a tu respuesta.

Yo no voy a sucumbir a la idea de un anhelo, pero sí a la posibilidad de sentir que los cumplí todos antes de que me haya muerto y sobre todo, que aposté todo y que, tanto si gané como si perdí, fue hermoso.

La belleza, siempre la belleza. 

Atentamente”.

X.

Carta de Lara para X:

“Misterioso X, ¿o debo decir presuntuoso X?:

No te apures, yo también soy una esteta, aunque no de mierda. Espero.

Para bien y para mal ya lo dijo alguien: “Me invento la belleza para no morir de frío”. Quizá este sea el motivo que me lleve a contestar tu carta, no creas que suelo hacerlo.

La belleza en el instante sagrado que tú persigues, en  la búsqueda de la palabra exacta que siempre apuro, en la necesidad de intensidad, en esta apuesta recurrente de jugarse  a doble o nada, aún sabiendo que será nada después. Y remontarse al vacío del después y qué más da el después si antes hubo un todo.

La belleza contra el gran mal de la vulgaridad.

Y por eso la poesía. Y por eso el hambre.

Como el amigo Henry Miller: -“Desesperadamente hambriento no sólo de hambre física y sensual, de tibieza humana y comprensión, sino también de inspiración e iluminación”-.

Me gusta saber que te gusta apostar olvidando la seguridad de lo conocido.

El sexo y su territorio de violencia y abandono de reglas. Sabiendo que en esa violencia navega una indescifrable dulzura.

La imaginación, como preludio de juegos perversos, humillantes en ocasiones y qué más da la ausencia de convencionalismos o la brutalidad de los mismos, siempre serán eso, juegos compartidos.

¿Mi momento más “hard”?

Difícil. Todas las primeras veces en algo lo son un poco, ¿no? . Podría decirte varios.

Uno por duro, para ella sobre todo. Fui con un amigo que conocía a una chica que vivía el masoquismo muy intensamente,  la idea era que ambos la doblegáramos, la sometiésemos. Me fascinó el disfrute no fingido de ella en todo momento hasta cuando la estaba haciendo “fistting” y ella no dejaba de pedirme más, para mi era la primera vez en ese tipo de práctica y lo hacia con método pero suave. Duró poco la dulzura al verla gritar de placer y suplicarme más fuerza y rapidez mientras mi acompañante me invitaba a hacerlo sin pudor ninguno. Después llegó el momento de colgarla de unas argollas que tenia en el techo de su apartamento y azotarla. Creía que conocía a mi amigo hasta ese momento, jamás creí que de aquella voz tan cálida y pacifica salieran todos esos golpes con fustas, varas, látigos y demás. Todo un despliegue de fuerza, constancia, rapidez, rabia… 

Jugaba con ventaja porque se conocían desde hacia tiempo y él sabia de su amplia resistencia al dolor y más aún, de su total deleite ante él. 

Para mí fue una de mis experiencias más especiales.

Espero haber deleitado tus sentidos.

Sin más.

L.S.

Pd:

¿Nada es casual, todo es confluencia?”

El vértigo de llegar a los propios límites y rebasarlos es como una euforia de abismo”.

Copyright©2016-20L.S.

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