A los sueños, alas…

Quiero tu nombre entre mis muslos

por encima de mi espalda

bajo mi ombligo.

Entre mis sábanas.

Tu nombre mezclado con mi saliva,

y saber que ya no hay salida.

Las vocales independizándose como por derecho,

tus consonantes manifestándose sin tregua, dentro de mi lecho.

Tus letras a primera hora de la mañana

justo cuando trato de recomponer caricias y pensar que pasó anoche

y el por qué de tanta humedad en mi cama.

Tu nombre en mi aliento

a bocanadas de deseo.

Y morderte la distancia

los días

la risa.

Tu nombre bajo mis pies

en mis madrugadas de luna llena

o bajo alguna lluvia de crisálidas.

Tu nombre creciendo en mi boca

atragantándome las ganas.

Llenándome de tu sabor.

Taladrando noches

poetizando geografias por descubrir.

Aquí y ahora.

Tu nombre vaciándose de intenciones.

Tan lentamente…

Tan profundamente…

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Don’t dream it. Be it.

“My aim is to blur the lines of your fantasies into an incandescent, intense reality. I want to push your imagination and your body to its absolute limits.”

 

Me dijo: “Tu nombre acompañará mis noches”

Pensé: “El tuyo llenará mis muslos en madrugadas como esta”.

…Tus iniciales se introducirán en mis sábanas,

treparán por ellas buscando un tropiezo casual con mis pies,

besarán cada centímetro

y saliva a saliva recorrerán mis piernas.

Llegarán a mis muslos donde sin aviso se instalarán.

Bailarán sobre ellos.

Acamparán a  ritmo lento

a la espera de mis dedos que sabiamente sabrán guiarlas,

justo hasta el punto exacto donde explotará tu nombre

rebotando en cada esquina de la habitación.

Tu nombre,

que pronunciado a susurros sonoros tal vez vagabundee en el intento de demorarse.

Y mientras espero a que se inmole en mi boca o en mis pestañas,

jugaré con el viento

mojaré tus palabras en mi sexo abierto

y amañaré la lógica y el desaire.

 

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Entró en mi vida, como se entra en una frase.

Afrodita  esperaba al siempre elegante Eros en su apartamento.

Vestida como a él le gustaba.

Un traje corto, muy ceñido, con medias negras y liguero a juego. Zapatos de tacón que podrían rozar el  séptimo cielo y nada más.

Sin ropa interior, como a ella le gustaba.

Eros llegó a la hora adecuada. Fue desplegando movimientos seductores por el pasillo y sobre la alfombra derramó toda su sensualidad al anudarse el nudo de los zapatos como él solo sabia hacer. Por un instante su sonrisa casi compitió con la de ella.

Y tras una ración y media de besos interminables entre ambas deidades, la mirada de ella lo dijo todo. Estaba hambrienta. De comida, también.

Ella recordó por un instante la primera vez que sus bocas se rozaron, hace varias épocas ya.

-No saldrás ileso de mis besos- le advirtió ella.

-Por ti, todas las canciones del mundo- contestó él.

Salieron a cenar por el olimpo derrochando libertad.

Y confidencias.

-¿A cuantos hombres has amado?-le preguntó él.

-¿A cuantas mujeres has olvidado?-contestó ella.

Sonrieron y volvieron a comerse a besos mientras los camareros interrumpían pacientemente .

Cuando llegó el momento del exquisito mousse de limón ella le pidió que abriera su boca, ofreciéndole un poco del manjar desde la suya, directo a su paladar.  El lo recibió con devoción, deleitándose en la cremosidad del limón mientras envolvía la lengua de ella.
Y al sentir la textura tan suave en su boca, él, por alguna analogía tal vez, busco entre los muslos de ella esperando encontrar el tacto de su ropa interior, sin embargo lo que encontró fue algo mucho más suave aún.

Afrodita sonrió. Y todo el Olimpo sonrió con ella.

-Es hora de irnos- le susurró lentamente.

Subieron al coche y se dirigieron hacia la improvisación más excitante que la noche pudiera ofrecerles.

Mientras Eros conducía , con la otra mano deslizaba sus dedos entre las piernas de ella, mientras Afrodita abría sus muslos con lenta cadencia. Sentía como la punta de sus dedos impregnada de saliva se iba  fusionando con su propia humedad. Inevitablemente situó su mano sobre los dedos de él, indicándole así que quería más profundidad.

Ella siempre quería un poco más.

Y en un cruce cualquiera de destinos  apareció Baco. Hacia mucho tiempo que no coincidían. Afrodita supo enseguida lo que su propia piel le pedía. Y sus deseos, eran ordenes para ella.

Se dirigieron a él. Se sorprendió. Ella le mostró la mejor de sus sonrisas mientras le indicaba que subiera al coche.

Baco no titubeó ni un instante.

Los 3 deseos a flor de piel en el coche, juntos, con poco espacio y ese blues de fondo.

Baco era tan directo como seguro de sí mismo. Y aunque tenia vocación de herida, nunca pudo resistirse a los encantos de Afrodita. Esa noche vestía aquella elegancia intrínseca de la desesperación que un día tanto le atrajo a ella.

No quiso demorar demasiado lo inevitable, buscó su boca bajo la atenta mirada de Eros.

Lo besó. Se lo comió a besos literalmente.

La noche, ellos, la música…

-Ahora vosotros- le indicó con un guiño a Eros- mientras sus ojos se transformaban en una interrogación.

-Me gustaría veros juntos-le susurró al oído.

Y se incorporó al asiento de atrás, ella quedó en el delantero. Observándoles.

Deleitándose.

Licuándose de placer muy lentamente.

Saturándose de química. Dejándose invadir por cada sensación que la situación regalaba.

Se besaron.

La noche y el calor hicieron el resto. La boca de Baco fue descendiendo por el pecho de Eros, ese pecho que tanto calor otorgaba a Afrodita en frías noches como aquella.

Su lengua inquieta se enredó en el ombligo de su amante bajo la excitada mirada de ella.

-Sigue- le indicó .

Alargó sus brazos y ella misma desabrochó ambos pantalones.

Y aunque no había demasiada claridad pudo quedarse con cada delicioso movimiento. La boca de Baco acariciaba el sexo de Eros. Suavemente primero, para pasar a engullir literalmente su miembro. Eros suspiraba mientras buscaba los ojos cómplices de ella. Abría su boca. Esperaba algo más. Ella se acercó y le besó mientras Baco seguía devorándole.

-Ahora hazlo tú- volvió a indicarle a Eros.

Y lo hizo, con su mano apretando los senos de ella comenzó a enredarse en el sexo de Baco. Y Baco queriendo más. Pidiéndole casi a gritos que lo hiciera más y más rápido , mientras Eros seguía con su dulzura.

-Esta noche quiero ser de agua- pensó ella.

Y continuaron comiéndose y untándose de placer mientras la noche se alargaba entre tantos gemidos.

Y ella, como buena voyeur disfrutó cada décima de segundo.

Se volvió ojos.

Y oídos, para  que no se le escapara ningún sonido.

Ni olor. Olía a viernes , a algodón, a almizcle, a noche…

 

“Las palabras es lo único que tenemos” Samuel Beckett

 

 

 

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El buscador es lo buscado.

Mi aprendiz de poeta urbano hoy jugó a enredar las palabras:

 

“Mi ruta eres tú
mi despertar
lo primero en aparecer en mis sinapsis
mi maridaje
mi prólogo

mi epílogo
mi sinopsis.

Mi oasis en la ciudad

el beso de adrenalina revolucionando mi bioquímica.

Mi geografia ambigua

mi huida deseada.

Mi…”

 

 

“Ser en la vida romero, romero…solo romero.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.

Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,

ligero, siempre ligero.”

(Leon Felipe)

 

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Por donde te busco me encuentro.

Y en el fondo del mar te encontré.

Otro loco suicida.

Otra apuesta a doble o nada.

Ven.

Te esperamos mis caderas y yo.

Para que entres.

Te sumerjas.

Nades.

Para que te hundas en ellas

y me pidas que te rescate.

Ven,

y traete tus palabras tiritantes,

tus certezas.

Tal vez haga un almíbar con ellas

aderezado de incertidumbres.

 

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Stay hungry. Stay foolish.

 

-Tus palabras son desordenes para mí.-

Me susurraste y callaste después.

-Corazón, déjame follar tu sonrisa-

Le contesté.

Y me escribiste, porque te expresas mejor así:

-Tus letras desordenan mi memoria

y entonces comienzo a navegar entre intenciones y maniobras caóticas.

Deseo y miedo nublan mi voluntad.

Me hablas y me deleito entre las vocales de tu nombre

mientras te imagino a escondidas, desnuda,

eterna, vulnerable.

Tan fuerte.

Tan tuya.

Desordenas y ordenas mi caos, mis noches y mi voluntad.

Aún así, quédate, permanece.-

Y me quedé.

Y me sigo quedando.

 

 

 

Vuestra revolución ya no me interesa,

he descubierto un cosmos dentro de mí”.

(Marat/Sade)

 

 

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Sex involves the body, great sex involves the mind.

Porque él es mío, debo enseñarle

porque me pertenece, le cuido

y en este cuidado está incluido ser dura cuando haga falta

y regalarle pedacitos de mí cuando lo estime conveniente.

 

Llegó tarde, le indiqué la hora exacta y se retrasó 6 laxos minutos. 360 segundos…

“Te voy a enseñar en un momento como de molesta estoy”-le dije.

El momento se prolongó. 4 horas exactamente. 240 minutos. 14400 segundos.

“Voy a llevarte a un éxtasis casi tóxico.

Me vas a suplicar que te deje terminar.

Querrás estallar de placer y entre lágrimas me dirás que no puedes más.

Voy a prolongarte en mí.

Me voy a eternizar en ti.

Más allá de lo soportable.”

Comienzo tocando suavemente su hombría despierta, acariciando su miembro y su escroto con detalle, el suave periné y la abertura de su ano. Dejo que mi vista se abra a él. También mi oído mi olfato, mi tacto. Lo saboreo. Comienzo muy despacio, con una mano masajeando suavemente sus testículos hacia arriba mientras mi lengua comienza a profundizar. Cada zona de su sexo es diferente. Me detengo en la rugosidad, me endurezco en la suavidad. Escucho los deseos de cada protuberancia que exploro, de cada pequeña zona de piel. Cada parte pide algo diferente, a veces más presión, a veces un ritmo más lento.

Hago bailar la lengua hacia la zona izquierda de su miembro. Siento cómo las venas se dilatan bajo los lametazos de mi lengua. Me doy cuenta de que la piel carnosa de la parte anterior del pene tiene texturas, responde fuertemente a mis actos. Pide a gritos un tacto cuidadoso. Hace tiempo que espera mi lengua. Lamo su piel suavemente en círculos y la piel se dilata bajo mi lengua, agrandándose como para suplicarme que la toque más.

Paro.

Ahora mi lengua toca la protuberancia inferior de la cabeza de su sexo . Gime.

Escucho sus deseos. Me demoro. Me ausento en intenciones.

Me dirijo a su parte derecha y da la impresión de que esta zona me espera todavía con más ansiedad. Desprende una sensación única. Vuelvo a escuchar a través de mi lengua y pronto empieza a respirar pesadamente, y vuelve a gemir. Cuando mi lengua resbala hacia la parte inferior lentamente me dirijo hacia arriba hasta alcanzar la cabeza, él gime más fuerte y se le tensa el escroto.

Continuo así durante minutos. Muchos…

Sus pulsaciones permanecen al mismo ritmo. Lo elevo. No permito que se desborde. Aún no.

Suspira pesadamente.

Sigo llevándolo al punto justo anterior al orgasmo, a milésimas de segundo. Reduzco.

Respiro.

Le respiro.

Nuevamente lo llevo al límite y me detengo. Avanzo. Retrocedo.

Se eleva. Muy lentamente.

A cada intervalo, el placer aumenta más y más.

Sigo su ritmo. Lo cambio. Lo amoldo a mi antojo.

Amplio. Profundizo. Intensifico.

Su rostro suplica. Sé que no puede más.

Está aguantando tal y como le pedí que hiciera.

 

Horas más tarde comienza a secretar su dulce jugo.

Le pregunto si entendió mi enfado.

Sé que lo hizo.

 

 

“Nadie sabe cuidar de algo mejor que quien lo ha creado”.

 

 

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Suspirando fantasias.

Se te ha olvidado llevarte tu sonrisa,

la has dejado bajo mi ombligo,

como chorreando,

desorientada e inquieta en busca de mis tobillos,

o similar.

Y a mí,

que nada se me olvida,

olvidé preguntarte si hoy fuiste,

o te imaginé.

 

 

“Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa”

(G.Cerati)

 

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El infinito no nos llega ni a la suela de los tacones.

“Nada me retuvo.

Me liberé y fui.

Hacia placeres que estaban tanto en la realidad como en mi ser,

a través de la noche iluminada

Y bebí un vino fuerte,

como sólo los audaces beben el placer”.

(Kavafis)

Me gustas así,

leal, complaciente

con el verso en la mano y una sonrisa a la que casi alcanzo.

Me gustas puro, creativo.

Tan libre como puedas y tan tú como sabes…

 

 

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