Besatemonos.

Había una vez una cosita muy sexy cabalgando entre mis sueños.

La cosita sexy fue mutando y lentamente llegó  a convertirse en algo tan sexy como seductor y ya no solo cabalgaba de noche, lo hacía también bajo los rayos dorados de mis muslos abiertos.

Y siguió creciendo y ahora era sexy-seductor-valiente. Y así fue aumentando la necesidad de decir su nombre. Siguió evolucionando como solo pueden hacerlo los que miran hacia adelante y se tornó en sexy-seductor-valiente-intenso. Así, como solo pueden serlo las cositas sexys de por allí.

A veces me llamaba desde el coche, en cualquier carretera perdida y con cualquier excusa, para acabar diciéndome que tenía mis bragas entre sus manos y que si le daba permiso para tocarse. Y me lo decía con su sexy-ronca voz, como si nada.

Y como si todo, yo le daba permiso a condición de que lo hiciera desnudo, y entonces él se desnudaba y permanecía así en el coche, esperando mis instrucciones mientras fusionábamos su ansia y mi deleite.

Desde su sexy sinceridad como solo los valientes saben hacer, me decía que necesitaba subir un peldaño más, o varios a la vez, y a mí que me ponen las escaladas le contestaba que estuviese preparado para todo.

Y todo es todo.

Sin limites- me decía medio jadeante de placer y éxtasis futuro.

Haremos de todo, salvar al mundo lo primero como dijo aquel,

después, marcarte…

El alma, la sonrisa, la piel- le anticipé.

Eres de una dulzura dolorosa- añadía mientras acariciaba su sexy desnudez en mitad de la nada. Y tal vez bajo el reflejo de alguna excitada luna que moría de ganas por rozarle en alguna de sus múltiples vidas.
Tal vez…en esta.

Después…escarbar en su rima.

Y tocarle.

Morirle. Amarle. Follarle.

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Revert to dream.

Y tras empaparle de besos y cubrirle de caricias de diferentes texturas me ha enviado un mail con nuestro ultimo encuentro, con comas, sin rimas, con ganas… y me ha pedido que lo escriba en el blog. Le dije que eso lo decido yo.
Era su cumpleaños…
Y le dije que sí.

“Hemos aparcado, me apresuro a abrirle la puerta.
La cojo de la mano y saca por la puerta sus esbeltas piernas enfundadas en medias negras con una raya por detrás y acabadas en unos vertiginosos zapatos de charol con tacón de aguja, de las cuales yo, su amante sumiso no puedo apartar la vista.
La sigo, siempre un paso por detrás, portando todos los paquetes con compras que hemos hecho mientras ella camina de forma sensual y poderosa hasta el portal. La abro la puerta mientras se me cae alguno de los paquetes, lo cual la hace sonreír, ya que esa falta tendrá su correspondiente castigo, sospecho.
Llegamos al ascensor y al abrirla la puerta me ordena que suba todos los paquetes por la escalera ya que sólo son cinco pisos y en los ascensores no se permite subir a animales, me dice de forma burlona.
Obedezco.
Cuando llego arriba, jadeante, ella ya está esperando en su trono con la fusta en la mano y las piernas cruzadas. Da un toque con la fusta en el zapato que cuelga e inmediatamente procedo a limpiarlo con mi lengua, quitando todo el polvo y suciedad que se pudiera haber adherido.
Me ordena desnudarme y ponerme de pie en posición de espera. Ella agarra mi pene que está encarcelado en un aro de castidad con anillas y noto como al contacto de su suave mano el pene lucha por salir de su cárcel, entonces se agacha lentamente y roza sus labios lo cual hace que el pene lata como si tuviera vida propia, haciendo que suplique que me libere de tal cruel castigo.
-Todavía no- me dice mientras me enseña la llave que libera el candado del aro. A continuación me coge de mis nobles partes y me hace seguirla hasta su habitación, allí me ordena que la desnude lentamente. Empiezo quitándola los tacones los cuales beso en su interior inhalando el aroma que dejan sus delicados pies, sigo con la falda de látex que ciñe su cintura, mis manos acarician sus caderas, sé que la hace suspirar aunque procura que no me dé cuenta, a continuación me arrodillo y la quito las medias con la boca deleitándome con su piel, seguidamente nos ponemos de pie y procedo a quitarla la blusa, se pone de espaldas a mí y roza de forma intencionada su trasero con mi pene encarcelado mientras acaricio sus pechos ya erectos por la excitación. La suplico en el oído que me libere de esta cárcel,una y otra vez, mientras me contesta siempre que no, aunque tal vez lo esté deseando casi tanto como yo.
Cuando considera que ya he suplicado lo suficiente y cuando ya creo que no va a hacerlo, coge la llave y juega a que abre el candado, mi pene vuelve a palpitar lleno de vida, acerca sus labios a mi jaula y roza con la punta de su lengua mi pene que está totalmente rojo y a punto de estallar. La suplico esta vez con desesperación que lo libere y ella entonces para mi sorpresa me da una sonora bofetada que me descoloca por completo.
Entonces cuando vuelvo a estar totalmente rendido, coge la llave y abre el candado. Mi pene sale de su prisión como la lava sale de un volcán, está enorme y totalmente erecto, me acaricia suavemente lo cual me hace estremecer, me besa y acaricia con su lengua lo que hace que aparezcan las primeras gotas de líquido preseminal y finalmente y de forma sorpresiva me arropa con su boca introduciéndome entre sus labios, lo que hace que me muera de placer.
Finalmente cuando ve que estoy a punto de eyacular, me coge de mis partes y aprieta para cortar la salida del semen, me mira de forma perversa a la cara y me dice que es ella la que establece cuando se abre el candado y cuando eyaculo, para a continuación volver a ponerme el cinturón de castidad y cerrar el candado.

Ahora, estoy escribiendo estas letras recordando todo, mientras recapacito sobre cuál es mi posición y a quien pertenece mi pene.”

 

 

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A medias no se puede conseguir algo entero.

“Mira, ven detrás de mí. Contengo tu placer, tu falo está conmigo…”

“Ven detrás mío con tu amor, ¡Oh Sol, has encontrado mi corazón exaltado, ejercita mi deleite…”

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(Papiro erótico de Turín)

En el siglo XIX, un obrero que hacía excavaciones en las áridas tierras de Deir el-Medina, un antiguo poblado de artesanos y obreros cerca del Valle de los Reyes, en la orilla occidental de Luxor, en la antigua Tebas, encontró una antiquísima vasija que contenía un objeto singular: un antiguo papiro egipcio que contenía una serie de 12 explícitas viñetas con representaciones sexuales, creado alrededor del reinado de Ramsés II (1279-1213 a.C.).

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